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martes, 24 de diciembre de 2013

Felices fiestas!

Si tenéis una meta, id a por ella. No dejéis de luchar por vuestros sueños.
Pasad una estupenda Nochebuena y una mejor navidad! FELICES FIESTAS!

viernes, 20 de diciembre de 2013

Un paseo como nunca

Dedicado a Cristina, de PAM :) Gracias por todo, guapísima! FELICES FIESTAS!

La joven dejó el edificio de oficinas del Parque y cuando llegó fuera miró a su alrededor.
No nevaba, pero el manto de nieve aún continuaba ahí, decorándolo todo de blanco.

Decidió dar una vuelta por las instalaciones, disfrutando de aquel último día del año.

Sus pasos se abrieron lentos a través del recinto mientras observaba la hierba cubierta por una capa blanca de nieve que extrañamente había cuajado.

No pudo reprimir una tierna sonrisa. Rara vez se veía nevar en Madrid y ella estaba teniendo la suerte de contemplar las consecuencias de la gran nevada de la noche anterior.

El Parque se veía precioso bañado en blanco. Cristina rió y alzó los brazos mientras pasaba junto a “La Pérgola”, una de las atracciones más antiguas y entrañables del recinto y casi instintivamente se subió sobre un caballo, agarrándose al mástil que lo atravesaba.

El tiovivo se puso en marcha, la música comenzó a sonar haciendo que la muchacha riera sorprendida.

Cerró los ojos dejándose llevar por aquel dulce e inesperado viaje, que la transportó a los tiempos en que sólo era una niña y acudía al Parque con sus padres, y ella subía al caballo, o a la carroza....Y se sentía toda una princesa...

Sonrió mientras continuaba dejándose guiar por el vaivén de la atracción y contemplaba como los copos de nieve ahora sí caían, estrellándose contra el manto blanco que ya había en el suelo.

Cuando bajó del tiovivo dejó escapar una risita mientras alzaba los brazos, dejando que éstos se encontraran con la nieve que caía. Dio varias vueltas sobre sí misma, feliz, y continuó caminando en dirección a Maquinismo.

Se detuvo al ver cuan majestuosa se alzaba la silueta de “Abismo”, y qué precioso se veía con carámbanos de hielo colgando de sus railes.

No lo pudo evitar y subió.

El mecanismo de sujeción se cerró fuertemente en torno a ella, que no sabía muy bien por qué de repente la atracción había empezado a moverse y se agarró con decisión a la barra mientras el tren ascendía la empinada cuesta de la montaña rusa.

Sus gritos no tardaron en brotar. Pero no gritos aterrados, sino gritos fruto de la diversión. Rió y gritó cuanto pudo viviendo al máximo lo poco que duró el viaje, y cuando bajó, expulsó el aire que le quedaba mientras seguía riendo.

Correteó hasta llegar a la Plaza Star Flyer y no pudo evitar una exclamación sorprendida ante la imponente belleza de ésta: completamente nevada. Ni siquiera el Viejo Caserón se libraba de resutar entrañable en cierto modo, teñido del manto blanco de la nieve.

Se acercó a la casa y contempló el cementerio helado: la nieve caía sobre las tumbas aportándolas un aspecto mucho más tétrico y sin embargo, a la vez las dulcificaba...

Se dio cuenta de que la verja estaba abierta, y dudó si entrar o no, pero esa niña traviesa que llevaba dentro la dijo que debía hacerlo, y así fue.

Ascendió uno a uno los escalones hasta llegar a la puerta, cuya aldaba golpeó tres veces mientras reía creyéndose una tonta. Nadie la abriría, por supuesto.

Pero entonces, ocurrió lo increible: la puerta se abrió y ella tuvo que mirar al suelo para ver al diminuto ser cuya vocecilla la dijo:

-¡Hola!¡Bienvenida al Caserón de Diabólico Noel!- Se lo quedó mirando: parecía ser un duendecillo: orejas puntiagudas, gorrito verde, muy bajo de estatura y una sonrisa malévola en sus labios, de donde goteaban lo que parecían ser chorretones de sangre.

-¿Qué estás mirando?-La increpó malhumorado.-¡Venga, pasa!¡Amo!-Llamó mientras la muchacha entraba a la casa.

De lo alto de la escalera bajó un hombre de porte alto, delgado, vestido enteramente de rojo y con una perilla cana presidiendo su rostro.

-Me alegra verla, señorita. Hace muchísimo que no nos visita...Por aquí, por favor....-Dijo conduciéndola a la siguiente estancia.- ...Espero que no haya olvidado...Su miedo...-La susurró mientras ella entraba en la sala.

En su camino por el Viejo Caserón (que ni mucho menos ella recordaba así), se encontró con extraños duendes de rostros ensangrentados que pretendían asustarla y que a veces lo conseguían, cuando no la provocaban risas con sus números que más que aterrarla la hacían reir: vio a Segismundo y Espiral peleándose por caramelos, a Regan vomitando lo que parecían ser restos de dulces, y tuvo la ocasión de llevarse a la boca el delicioso bombón que Jason la ofreció a la salida de la casa.

Una vez fuera se dirigió a Star Flyer y se sentó en una de sus sillas, abrochándose instintivamente el cinturón y dejando que la atracción subiera y comenzara a dar vueltas y a elevarse, dejándola contemplar la maravillosa estampa del Parque de Atracciones de Madrid completamente nevado...

“Tengan cuidado esta nochevieja, se esperan nevadas cuya cota estimada será de hasta 50 centímetros de nieve”

La joven abrió los ojos, sobresaltada.

Se dio cuenta de que todo había sido un sueño cuando miró a su alrededor: el salón de su casa y la tele puesta. Información meteorológica. Y una voz:


-¡Cristina!¡Échame una mano con la cena de ésta noche, anda!-

miércoles, 18 de diciembre de 2013

La cura

Se terminó su café, recostado en la máquina de snacks del edificio 17 de aquella vieja facultad. Miró el reloj: 08:45. Sólo era cuestión de segundos, quizá algunos pocos minutos, pero pocos, verla aparecer. Y en efecto así fue.

Vaqueros, una cazadora oscura que no dejaba ver la camiseta que había debajo, botas negras y grandes cascos de burbuja en los que se adivinaba que sonaba Metallica.

Ella ni se percató de su presencia. Él tampoco quería que lo hiciera. Así llegado el momento resultaría todo mucho más fácil...

Sonrió al observarla meter el dinero en la máquina y esperar mientras marcaba el ritmo de la canción que sonaba en sus oídos con los pies. La vio sacar el café y marcharse hacia arriba. Hacia las clases.

Esperó un poco hasta asegurarse que no le veía seguirla y fue tras ella de puntillas.

Asomado a la puerta de la clase la vio quitarse la cazadora. Llevaba la camiseta de “El Viejo Caserón”, justo la que él suponía que llevaría. Era una puta friki de ese espectáculo, no entendía por qué, si él podía llegar a provocarla un terror mucho peor... Pero aún no. Cuando llegara el momento.

La vio sacar su ordenador y comenzar a teclear algo en él. Supuso que sería algún relato para el blog donde escribía.

A veces, en algún rato ocioso mientras la esperaba en las escasas ocasiones que ella iba junto con una de sus amigas al aula de informática, él solía leer su blog de relatos, y muy a menudo se carcajeaba.

Así que le gustaba el terror...La sangre, las torturas, las cuchilladas...Lo describía todo tan bien que él podía visualizar en su mente con claridad todas y cada una de las escenas que ella describía.

...Y se reía. Se partía de risa pensando que la chica ni siquiera se imaginaba que él iba tras sus pasos y sabía tanto de ella.

La había visto riendo con sus amigas, la había visto inquieta e incluso estresada antes de algún examen, la había observado en la mesa en la que se solía sentar para pasar apuntes a limpio, siempre con su música puesta...Había escuchado sus risitas y las de su novio en la biblioteca mientras estudiaban (o fingían estudiar, más bien); incluso había escuchado sus gemidos mientras se lo montaban en los baños de la facultad...

¡Cuatro meses había esperado paciente a que llegara ese momento! Cuatro meses espiando, observando, incluso preguntando por ella a algunos compañeros de clase fingiendo que ella le interesaba para poder saber algo más de aquella chica. Pero ahora ya lo sabía todo.

Después de tanto tiempo regando había llegado la hora de cortar la flor, y le importaban una mierda las consecuencias, aunque sabía que no las habría. ¿Quién iba a sospechar de él?

Entró a clase, se sentó tras ella y volvió a dejar que su mente volviera atrás por un instante...

Cuando la vio por primera vez a punto estuvo de darle caza, pero se contuvo, porque él no actuaba nunca así. No acabaría con ella inmediatamente. Le gustaba recrearse en el acto de acechar, de observarla sin que ella lo supiera.
Recordó que cierto día era tanta su ansia que creyó que no lo soportaría y pensó esperar a que se hiciera de noche y cuando ella fuese a volver a casa...¡BAM! ¡SORPRESA!....Pero se la dio con queso y la muy zorra se fue temprano. No era muy amiga de quedarse en la facultad hasta tarde. Y si lo hacía, bien por una cosa o bien por otra no la pillaba: un día volvía con una amiga hasta el bus, otro día el novio iba a buscarla...

Pero aquel día nada ni nadie podría interponerse entre ellos. Se lo juró a si mismo mientras la veía levantarse y caminar hasta un extremo del aula para subirse a la especie de escenario que había ante la pizarra. La tocaba exponer. Y estaba muy pero que muy nerviosa. Sus suspiros mientras caminaba la delataban. No era capaz de mirar al público y su visión se perdió en la pared del fondo.

Sin embargo él sí la miraba, y mientras lo hacía se la imaginaba como seguro nadie de quienes había en ese momento en aquella clase lo hacía: Se la imaginaba tirada en el suelo, empapada en aquel líquido maravilloso, palpitando, gimiendo casi sin aliento buscando algo que no llegaba ni llegaría: Ayuda. Nadie la salvaría, y cuando la encontraran, sería demasiado tarde.
Cerró los ojos y sintió un escalofrío. Suspiró tratando de relajarse, pero al abrir los ojos volvió a verla y a descentrarse. Cuanto más la miraba, más deseo sentía de poder acabar de una vez con todo.

La clase duró lo que para él fue una eternidad, una eternidad en que empezó a sentir un intenso calor, y esa fue precisamente la señal de que había llegado el momento.

Se tocó la frente y efectivamente, debía tener fiebre. Las manos empezaron a sudarle mientras salía de clase sin perderla de vista.

Se quedó algo rezagado mientras la veía hablar con un grupo de compañeros y suplicó en silencio que la dejaran irse sola ya. Había llegado el momento y no había vuelta atrás. No. Esta vez ya no.

Con mucho disimulo y casi sin quitarla los ojos de encima sacó de su mochila un enorme cuchillo y oculto tras una columna se lo escondió bajo la cazadora, cerró la cremallera de la mochila y cuando levantó la vista comprobó con fastidio que ella aún seguía charlando.

La charla no duró mucho y la chica echó a andar mientras él sonreía e iba tras ella, viéndola torcer la esquina en dirección a los baños, y justo cuando fue a entrar, él la agarró por detrás tapándola la boca con fuerza. Ella hizo ademán de gritar, pero su mano acallaba sus gritos. Sintió los labios de ella sobre su mano. Notó incluso los dientes cuando ella le mordió. Ahogó un grito al sentir el dolor y el chorrillo de sangre manar de su mano mientras la forzaba a entrar al baño y cerraba la puerta como podía a la vez que intentaba que ella dejara de forcejear. La soltó un momento y dejó que gritara un milisegundo antes de empujarla brutalmente contra la pared del habitáculo, y en efecto, ella perdió el conocimiento cayendo y callando. Había conseguido que dejara de intentar gritar. Pero eso no era lo que él quería...Él quería escucharla suplicar ayuda con el último aliento de vida...Sólo así conseguiría curarse...

Sonrió y abofeteó a la joven para despabilarla, pero no consiguió nada.

Abrió su mochila, hurgó dentro hasta encontrar lo que buscaba. Empapó una gasa en alcohol y la acercó a la nariz de la chica, que empezó a mover la cabeza de un lado a otro, aturdida mientras abría los ojos.

Él no quiso darla tiempo a más. Ardía en fiebre, y ante él tenía la cura.

Sacó el cuchillo y lo clavó en el estómago de ella, dejándola escapar un grito que salió desde lo más hondo de sus entrañas: El último grito de su vida.

Él dejó escapar una risotada mientras sentía que el sudor perlaba su frente. Un sudor helado caía de la frente de él al cuerpo de ella, empapado en sangre.

Sin dejar de reir observó cada contracción de la cara de ella, y cómo a medida que su vida se iba apagando, hacía esfuerzos cada vez mayores por gritar mientras se retorcía de dolor bañada en lágrimas y en sangre.

Al fin la tenía como tantas veces se la había imaginado: tirada en el suelo, empapada en aquel líquido maravilloso, palpitando, gimiendo casi sin aliento buscando esa ayuda que ya no llegaría, porque ella apenas balbuceaba ya.

Él sonrió mientras hundía más hondo el cuchillo dentro de su estómago, sintiendo que esa era la cura de su enfermedad.

La muchacha yacía ya sin vida, y él apenas dedicó unos segundos a contemplarla.

Igual que había venido se fue: con el arma en su mochila salió del baño y ya más calmado y sin fiebre decidió dar un paseo por los alrededores en busca de una nueva medicina...


“Más vale prevenir que curar” Pensó sonriendo....

domingo, 15 de diciembre de 2013

En la cuerda floja

Relato inspirado en "Horror suite", canción de Antonio Ocaña (@Ocaneitor) al que doy las gracias por habérmela enviado. He aquí lo que me ha inspirado. Dedicada a Ymir, el payaso del Caserón y a Helena, su compañera de "juegos". Un abrazo, chicos! nos vemos pronto! Espero que os guste.

Un único foco iluminaba el escenario de la gran carpa del circo.
No había nadie más allí.
Tipo estaba solo, pero eso no era nada nuevo. Ya estaba acostumbrado a la soledad.
Se había acabado acostumbrando a no tener el calor de Kitty, su dulce equilibrista a la que tanto quería.

Desde que se fue, su vida dejó de tener sentido.

Si al menos se hubiera ido para siempre de su vida y de su vista, habría sido distinto, pero no fue así, no. Cada día la veía feliz y sonriente junto al nuevo domador de leones

Un domador de leones, ¡Bah! No era para tanto. Pero al parecer para ella sí lo era, y así lo demostraba con cada abrazo que compartía con él sin ningún pudor entre bambalinas, sin percatarse de su tristeza, de la tristeza del pobre payaso Tipo...¿O tal vez sí, y en eso se regodeaba?

Ya daba igual...

Por eso decidió que era hora de acabar con todo.

Comenzó a subir por la escalera que le llevaría a esa cuerda sobre la que tantas veces había caminado su Kitty, y al llegar al final de la escalera recordó lo que muchas veces le decía ella:

-Hay que tener cuidado. Las cuerdas en el aire suelen ser tracioneras si das un mal paso...-

-Traicioneras como tú...-Respondió él en voz alta dando el primer paso sobre la cuerda, adelantando el pie derecho en primer lugar mientras dejaba que la ira le embargara.

-Maldita...Ojalá tú y tu novio acabéis siendo la cena de los gatos de ese domador de pacotilla...-Dijo mientras dejaba que las lágrimas cayeran sobre su cara maquillada.

Dio otro paso más. Y otro.

Lloraba. Y él apenas conocía el llanto. Bueno, sí. Tal vez al nacer...Pero sólo ese tipo de llanto. El resto todo había sido felicidad, pues había vivido de, por, y para las risas.

“Si quieres ser un payaso de verdad debes ser la risa. Siempre. Conviértete en ella y no dejes que ninguna otra emoción te embargue. Solo así transmitirás felicidad, y serás feliz” Le había dicho Ymir, su maestro.

Y sabía que en ese momento no se sentiría para nada orgulloso de él si le viera ahí, en la cuerda floja, llorando por una equilibrista mediocre.

Porque eso era lo que era ella. Una equilibrista mediocre. Y su domador un triste imbécil que no sabía hacer otra cosa más que chasquear un látigo para azuzar a unos cuantos bichos.

Casi en el centro de la cuerda, miró abajo: ni red ni colchoneta que amortiguara el golpe. Caería al vacío y se estrellaría contra la madera del escenario.

Con los brazos extendidos y el sudor perlando su frente, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano por dar otro paso más. Ni siquiera sabía como había logrado mantener el equilibrio mientras miraba al frente, al patio de butacas y veía esa de la primera fila, iluminada. Esa en la que solía sentarse ella en muchas ocasiones cuando ambos iban a ensayar cada uno su número y ella le enseñaba parte de su mundo: el equilibrio, y él accedía a intentar caminar sobre la cuerda mientras ella lo contemplaba desde primera, atenta a cualquier movimiento de él, por si tuviera que acudir en su ayuda.

Y a cambio él también compartía su mundo con ella.

¿Y cuál era su mundo? La risa.

Ella quería que le enseñara a hacer reír, pero él se había negado aduciendo que sólo era realmente feliz cuando la risa tintineaba en las comisuras de los labios de ella y que no podía enseñarla porque ella estaba hecha sólo para reir.

Y al final ambos acababan sobre la colchoneta que amortiguaba la caída de Kitty, riendo con los números que él exhibia ante ella. Y se abrazaban, y eran felices...Hasta que se hizo la oscuridad y ella se fue de su lado, feliz de hacerlo. La risa que antes había sido suya ahora pertenecía a otro.

Tipo se tambaleó, incapaz de dar un paso más en el centro de la cuerda. Ahora lloraba desconsolado, y sus brazos intentaban limpiar sus lágrimas a pesar de que caería si lo hacían.

Aunque después de todo, lo único que quería el pobre payaso era caer de una vez.

Recordó las risas de los niños y niñas a los que tantas veces había hecho reir con sus números, los globos convertidos en cantidad de objetos: perros salchicha, flores...Recordó el olor a palomitas que invadía la carpa y el calor que emanaban los focos durante cada función, la música circense... pero resultó inútil, porque siempre aparecía ella.

Notó que le faltaba el aire al respirar mientras una presión en el pecho se apoderaba de él, y sintió que había llegado el momento.

Haciendo acopio del mucho o poco valor que tenía puso los brazos a ambos lados de su cuerpo y se dejó caer a un lado sintiendo el estruendo y el dolor del golpe en sus oídos y en su cuerpo. Y ya no sintió nada más.


El pobre payaso Tipo...¿Quién recuerda al payaso Tipo?

viernes, 13 de diciembre de 2013

Viernes 13

Relato dedicado a todos los "Jasons" del Viejo Caserón, y muy especialmente a Rocky Necronomicón, a quien echaré de menos en mis visitas a la morada. Ojalá volvamos a verte blandir el machete...

Corrí lo más que pude escaleras abajo hasta salir del edificio.
Miré varias veces su fachada, esa que tantas veces había visto, pero no con los ojos con los que solía mirarla mientras esperaba a mi chica frente al portal un día cualquiera, no.

Mis ojos acudieron al edificio de ladrillo, desorbitados, espantados ante lo que habían visto ahí arriba, para luego fijarse en la única prueba que me delataba como el culpable de aquello. Mis manos estaban manchadas de sangre y en mis oidos retumbaron las sirenas de policia, el ruido de tacones acercándose a la calle a ver qué había pasado...

Ni siquiera me dio tiempo a ver la figura de su portadora porque salí corriendo lo más que me permitían mis pies: la voz ya se había corrido y sólo era cuestión de tiempo que los vecinos salieran a olisquear qué había sucedido. Lo último que necesitaba era que me vieran ahí pasmado, con las manos ensangrentadas y un extraña máscara entre ellas, porque entonces, ya estaría todo dicho: El novio de la vecina del 2ºC había sido su asesino.

Me escondí la máscara bajo la chupa de cuero que llevaba y corrí calle abajo hasta ocultarme en un pequeño callejón.

Respiré hondo y me senté en el suelo apoyado en la pared, saqué la máscara y la miré: era idéntica a la del asesino de una película de terror...Pero no recordaba cual. ¡Joder, parecía mentira que con lo que me encantaban las películas de terror no supiera el nombre del asesino ni de la pelicula!.

Pero era normal...Había perdido a quién más quería, y sólo me apetecía llorar...

Volví a ocultar la máscara dentro de mi chaqueta y me eché a llorar mientras recordaba...

Aquella tarde yo había quedado con ella en su casa: palomitas, mantita, unas pelis de terror...Buen plan para una tarde otoñal en la que el frío, el agua y los truenos parecían haber impuesto sus reglas.

Sin embargo, cuando llegué, los acontecimientos me superaron.

La puerta abierta. Ni un sonido que delatara que ahí había alguien, pero me bastó mirar al suelo y ver el reguero de sangre para saber que alguien había entrado y había...¡No!

Recorrí la casa llamándola a voz en grito y tuve la vana esperanza de que no me oyera porque tuviera el volumen de la música de su mp3 a tope, pero no fue así.

Al llegar a su cuarto la vi ahí, tendida en la cama, empapada en sangre, con una enorme puñalada en el estómago y un gran machete junto a ella.

Aún tenía puestos sus enormes cascos de burbuja y pude oir parte de los acordes de “La cantata del Diablo” de Mago de Oz desde donde estaba.

Entre llantos la susurré que se tranquilizara, que todo saldría bien, pero ella solo se limitaba a mirarme como...como con miedo, exhalando leves gemidos que pretendían ser peticiones de ayuda, pero no a mi. ¿Por qué no a mi?

-Tranquila.-Fue lo último que la dije.- Buscaré ayuda, lo prometo- Y salí del piso corriendo escaleras abajo sin dar tiempo a que nadie saliera a ver qué había sucedido.

Volví de mis recuerdos y sonreí mientras sacaba de dentro de la chaqueta la máscara y el machete del asesinato...
“Viernes 13”, ésa era la película.

Sonreí cuando el título me vino a la cabeza como un flash mientras recorría el machete con los ojos.

Aún tenía su sangre...

-¡Quieto!- Escuché justo en la entrada del callejón.

Intenté huir dándome la vuelta, pero la pared me frenó.

Al girarme vi a los dos maderos apuntándome con un par de pistolas, y lo último que recuerdo de ese día es que uno se me echó encima, me puso los brazos tras la espalda y me esposó haciendo que me golpeara la cabeza y quedando inconsciente.

Yo no quería hacerlo...Y aún hoy sigo sin saber por qué lo hice.

Tras el juicio me absolvieron porque llegaron a la conclusión de que cuando cometí el asesinato no estaba en mis cabales. “Locura transitoria”,lo llamaron.

Y quizá sea verdad...Quizá tengan razón y esté como un puto cencerro...Pero ¿Qué puedo hacer yo?

¿Qué culpa tengo yo de que cada jodído aniversario de su muerte me dé el venazo?

Siempre el mismo edificio y siempre el mismo piso, el 2ºC. Y siempre una mujer.

Muchas han caido desde entonces, pero ninguna como ella, supongo que sería porque ella fue la única con la que empaticé de verdad. Lástima, porque no me da ninguna pena.

Miro mi móvil para ver la hora, y como si mi pensamiento se hubiera puesto de acuerdo con la fecha, descubro el día en el que vivo: Viernes, 13 de diciembre de 2013.

Sonrío y me escondo el machete y la máscara bajo la chaqueta mientras salgo de casa y llamo a la puerta de la vecina de enfrente.

Toco el timbre y una joven y sonriente morena me saluda.

-¡Hola!¿Qué pasa, vecino?-

-Hola.-Digo yo algo frío, quizá demasiado.-¿No tendrás un poco de sal, verdad?-


Sonrie, se da la vuelta y entra mientras yo palpo el mango del machete bajo la chaqueta de cuero
...

martes, 10 de diciembre de 2013

Un descansito... :)

Foto 1: José López 
Iustración: Antonio Ocaña Adrio
Queridísim@s seguidor@s de "Visita al Viejo Caserón". 

Publico ésto para anunciar mi retirada temporal de publicación de capítulos en el blog porque ultimamente me cuesta pereza desarrollar las ideas que Tar y yo plasmamos, además de porque en nada vienen los exámenes y tengo que estudiar , asi que he decidido darme una tregua momentánea.

Aprovecho ésta publicación también para agradeceros a tod@s mis seguidor@s tanto en Facebook, como en Twitter, como en el blog todo vuestro apoyo y cariño. Gracias de verdad, sin vosotros tal vez éste relato aún seguiría en mi ordenador o no sería más que un blog perdido por el ciberespacio. Afortunadamente tengo gente que me sigue y me demuestra que lo que hago no es en balde. Gracias Tar, Selu, Antonio, Álex, Dani, Just4Rides, Duende... (Mención aparte a los tres primeros y mi gran y más sincero "GRACIAS" por haber colaborado con ideas, diseño de carteles e ilustraciones respectivamente)

Y gracias, como no a todos los moradores del Viejo Caserón, las últimas personas que jamás me imaginé que llegarían a leerme e incluso a seguirme. Gracias por todo el cariño y el aprecio. Sergio, Helena, Nico, JuanLu, Juan Luis, Rocky, Sara, Pablo y los demás habitantes de esa morada maldita en la que cierto día decidió entrar Cris...Y donde muy pronto continuará la historia.

¡¡NOS VEMOS MUY PRONTO!! 3:

viernes, 6 de diciembre de 2013

"Visita al Viejo Caserón 3" Capitulo 9

CAPITULO 9: SALTO AL VACÍO

Cuando el inquisidor decidiera poner fin a mi castigo, me enteraría de que éste había durado un mes.

Un mes que para mí, bien se podía haber comparado a un año.

Porque hasta que Tar decidió sacarme de mi confinamiento, aún tendría que pasar las de Caín bajo tierra.

La boca me ardía de sed mientras escarbaba con las uñas, casi sin fuerza, para coger los restos de sangre reseca que había en el ataúd.

Maldito Selman...

Que esa era otra. No había dejado de incordiarme metido en mi cabeza: Unas veces diciéndome que me vengara; otras, proclamando que en no mucho tiempo, la venganza que él tanto deseaba llegaría y yo acabaría exhalando mi último suspiro. Siempre ahí, siempre en mi mente, recordándome mi culpa por haberle matado a él y haber asesinado al monje...Siempre diciendo que iba a pagar, que nunca desaparecería de mi mente, siempre provocándome terribles dolores de cabeza, o diciéndome que era la vergüenza de la raza vampírica, que no entendía cómo después de todo había podido elegir ser vampiresa....
Había veces que incluso me hablaba como un “amigo comprensivo”, diciendo que me entendía, y que lo que yo necesitaba era acabar con todos los moradores del Caserón por haberme hecho tanto daño...

Daba igual, le odiaba con todas las fuerzas de mi putrefacta alma. Y él también pagaría. Aún no sabía cómo, tampoco me convenía saberlo de momento, pues el vampirito oiría mi pensamiento y no demoraría en castigarme, así que decidí que si alguna vez salía de ahí, dejaría mi venganza contra Selman a merced de la “improvisación”.

Me retorcí hambrienta en el ataúd: la sangre seca que había en él no me ofrecía nada, además de que no me podía mover debido al intenso dolor que sentía.

Entonces, un olor putrefacto procedente de la superficie me hizo cerrar los ojos y arrugar la nariz, asqueada.

-¡¡Criiiis!! Mira lo que te traemos...-Canturreó Tar malicioso mientras yo oía retirar la tierra que cubría mi ataúd. Una palada, otra, otra...Hasta que volví a oirlo y olerlo todo con perfecta nitidez y un tremendo golpe me hizo ver que me habían depositado de nuevo en la superficie del suelo del cementerio.

La tapa se abrió dejándome ver la casi total oscuridad de la noche, a excepción de unas cuantas velas esparcidas por el cementerio.

Sentí a Tar cogerme en volandas y estrellarme violentamente contra el suelo. Intenté gritar, pero no me salió más que un leve gemido debido a las heridas del ácido en mi boca.

-Eso duele, Cris...-Rió Sel en mi cabeza.

-Púdrete.- Le dije en un pensamiento.

-Me parece que lo podrido es lo que te ha traído el inquisidor para la cena...-Siguió riendo mientras yo echaba a un lado la cabeza.

Tar me pegó una patada y soltando una risita me gritó:

-¡¡LA CENA!!-

Le oí seguir riendo histérico mientras yo alzaba la cabeza y veía lo que me habían traido: un cadáver, supuse que de un visitante.

-El pobre se arrepintió y le dimos su merecido en la sala de la bóveda...-Continuó mientras miraba mi cara de asco.-..Y decidimos traértelo para cenar...¿Qué te pasa? ¿Por qué le miras asi? Ohhh ya entiendo...A tí te gustaban vivos. Es eso, ¿no? La sangre fresca, el corazón latiendo débilmente... ¡¡Pues hoy no será así!!-Me espetó con dureza.- Y da gracias que te lo hemos traido...¡Ahora come!-Me gritó mientras yo me arrastraba como podía al cuerpo del visitante.

Le miré mientras su pútrido olor golpeaba mis napias: estaba completamente churruscado, y su sangre desprendía un olor nauseabundo.

Me resigné y busqué su yugular, que estaba completamente abrasada para, entre quejidos de dolor hincarle los colmillos y succionar la pútrida sangre que manaba de ella. Hecho ésto, me desplomé sobre él, dolorida. La mala sangre que había bebido no me servía para reponer fuerzas, y mi cuerpo ya estaba bastante machacado.

Tar me cogió de nuevo para arrojarme al suelo y llevarme a patadas al pie de la escalera. Luego me cogió de la pechera de mi mono y así me llevó arriba, hasta entrar al Caserón y empujarme dentro de la cripta y salir cerrándola de un portazo.

-¡Espero que hayas aprendido la lección, cretina!¡Ya sabes lo que te espera si te pasas de la raya la próxima vez!-

Gimoteé arrastrándome como pude por el suelo, y al alzar la cabeza vi la repisa sobre la que estaban las velas que iluminaban la cripta.

Sentí que Selman abandonaba mi mente y vi su espectro materializarse frente a mi, sonriendo divertido.

Apoyé mis manos en el mueble para ayudar a ponerme en pie, y cuando conseguí levantarme vi algo que encendió la llama de mi venganza contra el chupasangre, algo en lo que yo no había reparado hasta ese momento desde aquella vez tan lejana en que usé los objetos que ahora veía. Y apenas tenía recuerdos claros de la vez que hice uso de ellos: Sobre la repisa vi la fotografía de Linda, la amada de Selman en su vida humana. Pero no solo eso. En el mueble también estaba el diario del vampiro.

No me hizo falta pensar nada. Miré a Sel y le sonreí mientras un gemido de dolor se escapaba de mi boca Sentí el dolor mientras mis labios se estiraban esbozando la sonrisa, pero me daba igual. Había llegado el momento de la venganza.

Acabé de ponerme en pie renqueando mientras llevaba mi mano al mueble para coger el retrato de Linda, pero antes de que pudiera siquiera tocarlo, Selman me lo impidió introduciéndose de nuevo en mi cuerpo con tal violencia que me hizo caer al suelo estrepitosamente.

-NI SE TE OCURRA VOLVER A INTENTAR ESO, NIÑATA!-Me rugió con un grito que tal vez involuntariamente estaba preñado de llanto, un llanto que fue música para mis oídos.

La sonrisa se borró de mi cara cuando volví a chocar contra el suelo, pero había merecido la pena.

Ahora Sel lloraba gritando el nombre de su amada en mi mente, lo que aproveché para levantarme como pude y salir de la cripta, aunque carcomida por el dolor.

Recorri el Caserón: todos los moradores me ignoraron, mirándome cargados de odio cuando pensaban que no les veía, pero sí lo hacía, agazapada en cada esquina.

Vi a Blood e Ymir: ella jugando con mis sais, él, procurando que ella no se dañara con ellas.

-¡Mira, soy Cristinita, la vampirita!-Decía la loca riéndose mientras intentaba hacer girar las sais sin mucha destreza.

-Cuidado, cariño.-Le dijo Ymir.- Si te haces daño tendremos que llamar a Espiral...-

Ella paró de mover las armas y le sonrió, justo cuando yo seguí caminando de puntillas por el Caserón, donde no encontré amabilidad ninguna: todos me lanzaban miradas cargadas de odio, Incluso los zombies hicieron ademán de querer lanzarse sobre mi cuando pasé ante ellos. No tuve más remedio que resignarme y seguir caminando

Detecté algo extraño en los monaguillos al pasar por la habitación de Regan mientras Antonio, el cura, intentaba que la poseída no se descontrolara, pues ya estaba convulsionándose en su cama y al borde del vómito a juzgar por los espasmos que la daban.

Me di cuenta de que los monaguillos, en lugar de permanecer junto al cura como debería ser su deber estaban tirados en el suelo, con las manos en la cabeza, vociferando.

-¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO? ¿QUÉ NARICES NOS ESTÁ PASANDO?-

No pude evitar reírme en mi mente y pensar que les estaba costando adaptarse a la vida en la casa, que aún mantenían recuerdos de quiénes fueron antes de entrar.

-¡CALLAOS YA!. ASÍ ES IMPOSIBLE CONCENTRARSE EN VIGILAR QUE ÉSTE DEMONIO NO SE DESMADRE!-Gritó Antonio blandiendo el crucifijo sin dejar de mirar a Regan.

Atravesé de puntillas la habitación y a pesar de que fue un susurro, oí perfectamente lo que el cura me dijo:

-Ándate con cuidado, pequeña pecadora.... Igual Regan no es la única que necesita que la bendigan...¿Un poquito de ácido?- Me dijo burlón.

Le ignoré y, como pude, hice el recorrido que me quedaba hasta salir de la casa. Me costaba hasta respirar, pero conseguí dar aire a mis pulmones. Aire fresco de aquella noche tan oscura, fría y acogedora que en otras circunstancias hubiera disfrutado. Pero no aquella vez. Sel se encargó de romper la magia.

-Niñata entrometida...¿Ves de lo que te ha servido todo?¡De nada! ¡Todos te ignoran, te odian! Y yo me voy a vengar, te lo juro.-

-¡Serás....Cabrón!-Le chillé en un pensamiento.- ¡Voy a acabar contigo aunque sea lo último que haga, te lo aseguro! Vampiro de pacotilla...-Pensé mientas como podía escalaba hasta lo alto del Star Flyer. Cada paso agazapada al mástil de la atracción era un suplicio cargado de dolor y acompañado de la risita del chupasangre en mi mente.

-¡Todos te odian, Cristinita...!¡TO-DOS, TE O-DI-AN!-Dijo arrastrando las palabras.- Estás completamente sola...Nadie absolutamente nadie en el Viejo Caserón quiere saber de tí, y te lo has buscado tú y solo tú...-Dijo riendo mientras yo me acuclillaba sobre la cúspide del Star.

El viento me azotaba fuerte arrancándome un gemido de dolor

Y justo en ese momento, cambió radicalmente de tema, y con voz suave me dijo:

-Salta, Cris. Quizá así encuentres el consuelo que tanto necesitas...Tal vez el dolor extremo te ayude a aclarar tus ideas hasta que lleves a cabo tu venganza contra todos y cada uno de ellos, ¿No crees?. Libérate a través del dolor, vamos, Cris. Sabes que no tienes nada que perder. ¡Salta!-

-¡Juro por Lucifer que si salto es sólo para librarme de tí y hacer que desaparezcas. Y nada me complacerá más que escuchar tu grito cuando mueras mientras me estrello, lo juro!- Pensé.

Y sin más, me dejé caer desde la cornisa del Star Flyer. Abri la boca y dejé que el dolor de mis labios destrozados al abrirse me consumiera e intenté articular un grito que me destrozó literalmente la boca y la garganta, mientras que la risa de Selman callaba mi grito.

-¡¡Será toda una gozada verte destrozada en el suelo, Cristi!!-

Noté el tremendo choque contra el suelo, sentí uno de mis brazos separarse del resto del cuerpo, así como una de mis piernas y noté el tremendo dolor que me consumía mientras intentaba articular un grito que no salía. Mi cráneo debía de estar roto también. Lo sentía sangrar. Sentía la sangre empapar todo mi alrededor. Me agité temblorosa en el suelo y a lo lejos oí las voces de los moradores que se acercaban a ver qué había pasado.

Vi una sombra cernirse sobre mi y la voz del Emperador:


-No te he dado permiso para morir, Cristina. No todavía....

domingo, 1 de diciembre de 2013

"Visita al Viejo Caserón 3" Capitulo 8

CAPITULO 8: ENTERRADA VIVA

Cuando llegamos fuera del Caserón, me desplomé y Tar se encargó de llevarme a patadas al lugar donde me quería conducir, haciéndome rodar escaleras abajo y pateándome hasta llegar a cementerio. Levanté la cabeza como pude y vi justo delante de mi al Enterrador cavando una tumba.

-¿Para...para qué caváis una nueva tumba?-Pregunté yo con un hilo de voz.

Tar rió y sin mirarme siquiera dijo:

-Dí mejor para quién. Y por la forma en la que tiemblas, creo que ya lo sabes.- Dijo con una risita y sin mirarme.

Un escalofrío me recorrió de arriba abajo y comencé a intentar zafarme del brazo del inquisidor, que me pegó un tremendo puñetazo en el estómago que me hizo caer al suelo mientras en mis oidos resonaban las risas de Antonio, Moi y Álex, que habían venido al cementerio con nosotros mientras el resto de moradores permanecían en la casa.

Me llevé las manos al estómago mientras expulsaba una bocanada de sangre y tosía.

-¡Calla!-Me interrumpió la voz del inquisidor- Deja que el Enterrador se concentre en su trabajo. Le gusta tararear mientras cava y tú le has roto el ritmo.

Intenté recobrar el aire mientras veía al Enterrador cavar en el agujero de mi futura tumba, echando más y más tierra fuera. Cada vez le veía más abajo. Hasta que finalmente desapareció y sólo se oyó su grito.

-¡Listo!¡Ayudadme a salir de éste agujero!-

-Ayudadle-Ordenó Tar a los monaguillos, que corrieron a sacar al Enterrador del agujero de mi futura tumba.

-Bien profunda, como ordenaste.-Dijo el Enterrador sacudiéndose el polvo se su túnica.

-¿Y el féretro?-Preguntó Tar.

El Enterrador desapareció un momento, deduje que fue a su taller.

Al rato le vi volver con un ataúd o suficientemente grande como para que cupiera una persona en él, le vi depositarlo junto a nosotros e irse él al lado del agujero que acababa de cavar.

-¡Oh! Espera! ¡Falta la lápida!-Le oi decir mientras le veía arrancar la lápida de la que una vez fuera mi tumba y ponerla a la cabecera del exterior del agujero que había cavado.

-Ahora si.-Le escuché decir mientras se situaba junto a la lápida.

Apenas veía las letras, pero recordaba la inscripción: “Cristina. 1991-2013. Moradora rebelde. R.I.P.”


Edición de foto: José López
(@Ghjoseamarall)


-Bueno, Cris...-Me dijo Tar.- Ya está todo listo. No hagamos que el trabajo de nuestro hermano haya sido en vano.-

Comencé a chillar y a intentar debatirme todo cuanto pude, pero el dolor me impedía hacer gran cosa, además Tar consiguió inmovilizarme con su mano izquierda, mientras que con la derecha le vi sacar algo del bolsillo de su túnica.

No tuve problema en adivinar qué era. La llamita que afloró delató que era su Zippo, y lo acercó tanto a mi cara que abandoné toda posibilidad de intentar escapar.

-Sí, Cris.-Me dijo Tar.- Ésta noche vas a ser enterrada, y te guste o no, ya está dicho todo.-Dijo mientra acercaba más el mechero a mi cara.

-¿Sabes?-Me preguntó.- Pensaba enterrarte...con ésto...-Dijo sacando del interior de su túnica una bolsa llena de algo que nada más aparecer ante mis ojos hizo aflorar mi hambre: sangre.

Me relamí y gemí suplicando que me diera la bolsa mientras el inquisidor me sonreía.

-...Pero como sigas comportándote como una cretina, te voy a socarrar los ojos con mi Zippo.-Rió histérico.- Si...Te los quemaré hasta que te exploten dentro de las órbitas y te quedes ciega...Y enterrada viva.-

Cerré los ojos en un acto reflejo, y cuando los abrí vi a Tar alzar el Zippo y la bolsa de sangre.

-Tú decides, hermana.-

Sin atreverme siquiera a hablar, señalé con un pobre movimiento de cabeza la bolsa de sangre.

-Sabia decisión.-Dijo el inquisidor guardando el Zippo para después alzarme y empujarme violentamente dentro del féretropara después arrojarme a la cara la bolsa que contenía la sangre. Giré la cabeza y la bolsa se deslizó hacia un lado del ataúd.

Vi hacer un gesto a Tar, tras el cual Antonio y sus monaguillos se acercaron con botecitos en sus manos y mientras me arrojaban el ácido que contenían escuchaba sus burlas:

-¡Eres una traidora y una asesina!-Me espetaba Álex con rabia mientras me echaba ácido a la cara mientras yo cerraba los ojos.

-¡No mereces estar entre nosotros! ¿Y tú te haces llamar hermana?¡Eres la vergüenza de éste Caserón! -Me dijo Moi haciendo lo propio con el ácido del bote, que fue a parar a mi estómago.

-¡Despojo!-Me escupió Antonio.-

Me limité a balbucear como pude, pues el ácido me había destrozado parte de la boca y ya me impedía hablar con claridad y cuando los tres se retiraron y al instante regresaron con la tapadera del féretro, quise huir de alí, pero no pude hacer nada más que quedarme quieta y mirar suplicante a esperar a que alguno cambiara de opinión. Por la expresión de Tar, cuyos ojos amarillos centelleaban en la oscuridad, deduje que no tendría su compasión. Y cuando la tapa cerró el ataúd, sólo vi oscuridad, algo a lo que ya estaba acostumbrada.

Escuché el martillear de los clavos que sujetaban la tapa del ataúd para cerrarla bien y luego
sentí dolor y un tremendo golpe en todo el cuerpo y deduje que habían echado el ataúd en la fosa cavada.

Cerré los ojos. No pude evitar pensar que tal vez no fuera tan diferente de mis días en el ataúd de la cripta al fin y al cabo.

Pero cuando escuché el sonido de un montón de tierra caer sobre el ataúd, supe que aquello no sería como mi vida en la cripta, y comencé a obsesionarme con que ahora estaba a un montón de metros bajo tierra, que nadie podía oirme...

Intenté gritar, pero me pudo el dolor y sólo me salió un pequeño quejido. Tampoco podía moverme, y me resigné a sufrir en siencio. Entonces, oi la voz de Antonio:

-En el nombre de Satán, de Lucifer y del Emperador de las Tinieblas. Amén. Requiescant in pace (“Descansa en paz”)-

Y oí los pasos de todos alejarse, dejándome ahí, enterrada a mi suerte...

Eché la cabeza a un lado y como pude tanteé hasta localizar la bolsita de sangre. Me eché a unladoentre gemidos lastimosos y conseguí cogerla con los dientes. Logré alzar mi mano hasta cogerla y abrlirla con la boca, y entonces, un dolor agudo en la cabeza me hizo saber que Sel había vuelto a meterse en mi mente.

-Yo que tú, me la dosificaba. No tiene pinta de que el inquisidor vaya a darte más...-Me aconsejó

-Vete.- Le dije en un pensamiento, pues estaba demasiado dolorida para articular palabra.

Selman se rió.

-¿En serio te crees que me voy a ir?-Me preguntó.- Tú no sabes lo que dices. Después de haberme matado ¿Me insinúas que no me vengue? ¡Ja!-Rió.

Y cada carcajada se me hizo una pequeña punzada en mi cabeza y tan intensa fue que brotaron las lágrimas a mis ojos, haciéndome escocer las heridas provocadas por el ácido; del mismo dolor hice volcar la bolsa de sangre, que se desparramó por todo el ataúd impregnándolo de un delicioso olor.

El dolor me impedía realizar cualquier tipo de movimiento y frustrada me di cuenta que estaba perdiendo el poco alimento que se me había dado.

¡Y todo por culpa del vampiro!

El olor a sangre impregnaba mis fosas nasales, mientras que Sel seguía riendo en mi cabeza. No podía moverme, no podía hablar...

-Descansa en paz, Cristi...-Me susurró Sel mientras el dolor me hacía cerrar los ojos y el agotamiento hacía que sucumbiera al sueño.

Estaba claro que mi castigo se presentaba muy duro: bajo tierra, sin sangre de qué alimentarme, con un dolor atroz y Colmillitos dandome la matraca en mi cabeza...


Sólo el tiempo diría si aguantaba...

sábado, 30 de noviembre de 2013

"Visita al Viejo Caserón 3" Capitulo 7

CAPITULO 7: CASTIGO INQUISITORIAL

Cuando Tar me introdujo en la Dama de Hierro apenas me resistí. No me quedaban fuerzas e incluso a punto estuve de desplomarme.

El sonido del cerrar de la puerta de la Dama se me antojó un gran estruendo que se silenció cuando todos los pinchos del sarcófago vertical en que estaba metida se clavaron en mi piel, de la que no tardó en brotar sangre oscura, como no demoraron mis gritos en hacerse presentes, sobre los que se oían las poderosas carcajadas del inquisidor y de Selman, que había atravesado la Dama y estaba a mi lado regodeándose en mi sufrimiento.

Justo cuando pensaba que no podía sufrir más noté que la puerta de la Dama se abría y Tar me arrastraba para atarme de brazos a dos grilletes que colgaban del techo y elevarme tirando de una cadena que sujetaba ambos grilletes.

Me debatí intentando soltarme mientras sentía que me alzaba, pero de nada sirvió. Tampoco podía patalear mucho por lo débil que estaba.

-¡Suéltame, cabrón!-Chillé llorando.- ¡Yo no quería hacerlo!-Dije mientras miraba a Selman.-¡Tú me obligaste!-Le espeté al vampiro con rabia.

Tar rió, y al ver que no le miraba a él, me dijo con sorna:

-¿Con quién hablas, loquita? ¿Tanto te ha afectado el castigo de los hermanos que ya tienes visiones? Pues te aseguro que lo que te han hecho ellos no es nada comparado con lo que te voy a hacer yo, ya verás....Pero ¿Qué es eso de intentar robarnos, eh?¡Eso no se hace, Cris!-Dijo como si reprendiera a una niña pequeña.

Me giré y vi que el inquisidor se situaba detrás de mi y encendía su mechero del que brotó una gran llamarada que no me tocó pero que sí me transmitió su intenso calor mientras Tar echaba para atrás el látigo de fuego que formaba la llama del Zippo.

-¡No, por favor, Tar!- Chillé yo con los ojos desorbitados, que acabé cerrando al escuchar el restallido de la llama del látigo del mechero contra el suelo.

-Mereces ser castigada. Ya te advertí en su momento que no te dejaría pasar ni una.-Sentenció Tar mientras me daba un tremendo azote en la espalda con el látigo de fuego.

El dolor no tardó en venir, rompí a llorar gritando mientras el olor a cuero y piel quemada inundaba mi nariz.

Las lágrimas brotaban de mis ojos. Lloraba suplicando clemencia al inquisidor, que no dejaba de darme latigazos. Sentía el cuero de la parte de la espalda de mi traje fundirse y chorrear espalda abajo, quemando mi piel y metiéndose en las quemaduras que me producía el látigo de Tar.

Cuando cesó de golpearme soltó mis brazos de los grilletes y me hizo caer al suelo, de donde fui incapaz de levantarme.

-¡Hermanos!-Le oí gritar.-¡Acudid a la bóveda de Helios ahora. La ladrona que se hace llamar nuestra hermana está recibiendo su castigo!¡Venid y contempladlo!-

Y al instante vi aparecer a todos y cada uno de los moradores del Viejo Caserón: El Enterrador, Ymir, Blood, Segismundo, Jason, Regan, Espiral, Irina, Adri, Dani y Antonio, Moi y Álex.

Vi también como de una nube de humo negro se materializaba la figura del Emperador, que se situaba delante de todos los moradores, colocados a una distancia prudencial de nosotros.

A mi lado, Selman no había dejado de carcajearse y burlarse, y tuve la sensación, no sé por qué, de que a veces Tar y el Emperador le echaban miradas, como si ellos también pudieran verle, pero en aquel momento supuse que era una sensación mía.

Tampoco tuve tiempo de pensar en si realmente ellos dos podían ver el espectro del vampiro porque Tar me pegó de patadas mientras el resto de moradores reían, y cuando el inquisidor paró de patearme, vi que Antonio, Álex y Moi se acercaban a mi.

-¡No!¡Alejaos!-

Vi que Antonio, el nuevo morador al que se le había designado la función de cura, junto con los dos nuevos, los monaguillos, se acercaba a mi con un recipiente en sus manos, cuyo contenido vertió sobre mi frente, provocandome un dolor insoportable.

Grité mientras oia un sonido similar al de una Coca-Cola burbujeante que me causaba un tremendo dolor en la frente.

-Es ácido.-Dijo Antonio con un gemido lastimoso.- Aquí el agua bendita como que no pega mucho...- Rió mientras yo gritaba y me retorcía en el suelo y los dos monaguillos me alzaban la cabeza para que Antonio pudiera seguir arrojándome ácido en la frente.

Cuando me volvieron a empujar al suelo, supliqué piedad entre llantos, pero no sirvió de nada: Tar volvió a mi lado y me dijo mientras me pegaba una patada:

-Y aún me queda una sorpresita muy especial para ti, Cris...-Rió mientras me levantaba del suelo cogiéndome toscamente del brazo hasta hacerme daño.

-¡Enterrador!-Llamó Tar. Y el interpelado dio dos pasos, poniéndose algo más adelantado que el resto de moradores, llegando casi a la altura de donde estaba el Emperador.

-Ya sabes lo que tienes que hacer.- Dijo el inquisidor solamente.

El Enterrador asintió y, pala en mano, abandonó la sala de la bóveda mientras Tar me empujaba tirándome del brazo por la habitación hasta salir también de la estancia.

Vi que mis hermanos corrían hasta alcanzarnos y salir antes que nosotros y no supe para qué hasta que no los vi distribuidos a ambos lados del pasillo, escupiéndome mi culpa a la cara.

-¡Por tu culpa Nosfharatu ha muerto!-Me dijo Sara cuando pasé ante ella mientras me escupía una bocanada de sangre.

Abrí la boca para contestar, pero el bofetón que Tar me dio en la cara y sus palabras hicieron que me tragara mi comentario.

-¡Cállate, despojo!.- Me dijo.- !No eres digna siquiera de pisar el suelo que ellos escupen, así que cállate y sigue andando!-

Agaché la cabeza y proseguí la andadura mirando al suelo mientras los demás hermanos se burlaban y me recordaban mi culpabilidad cuando pasábamos por su lado, con escupitajos, patadas, comentarios, alguna que otra puñalada, Antonio y los monaguillos echándome ácido sobre la cabeza...

-No mereces estar entre nosotros.- Me dijo Espiral antes de asestarme una puñalada con su bisturí.

Cuando pasé junto a los zombies, Dani, Irina y Adri se abalanzaron sobre mi y la emprendieron a bocados con el brazo del que no me llevaba sujeta Tar, hasta que éste les apartó.

No me quedaba voz para seguir gritando, y dos veces tuvo que levantarme el inquisidor del suelo para continuar el camino.



Cuando se me ocurrió levantar la cabeza como pude, al fondo del pasillo vi la puerta del Caserón. La luz de la luna entraba levemente por ella. Estaba entreabierta. Me quedé embobada mirando el rayo lunar hasta que de un empujón, Tar me hizo caer al exterior....

lunes, 25 de noviembre de 2013

"Visita al Viejo Caserón 3" Capitulo 6

CAPITULO 6: ROBOS

Aquella noche no dormí en absoluto. La voz de Selman me impidió hacerlo. Retumbaba potente en mi cabeza, siempre diciéndome lo mismo: “Roba, Cris. Roba y dales su merecido a todos”.

Y al final acabé cediendo y recorriendo de puntillas y en absoluto silencio el Caserón mientras la voz de Sel me ordenaba:

-El anillo y el bisturí a Espiral, Cris...-

-¿El anillo?-Pensé yo.- Creí que no lo conservaba porque ahí estaban sus recuerdos...-

-Siempre lo lleva en el bolsillo de la bata y jamás lo saca de ahí. Supongo que el Emperador le ha hecho inmune al significado del anillo, en cierto modo.-

Me encogí de hombros mientras entraba en “El quirófano de los Horrores” y veía junto a la puerta una percha con la bata del doctor colgada.

Cerré con sigilo la puerta y hurgué en el bolsillo derecho. Efectivamente, ahí estaba el anillo. Lo cogí y lo oculté en mi puño cerrado.

-En el otro bolsillo tienes la llave de la celda de Blood. Cógela. Y coge también el bisturí. Ahí, en la mesa de material quirúrgico- Me dijo Sel.

Obedecí y salí de la sala cerrando la puerta.

-Blood. El peluche y el cuchillo. Róbaselos, Cris.-Me ordenó Sel.

Recorri el Caserón hasta llegar a la celda de Blood, que abrí con mucho sigilo para después entrar en ella y ver a la loca profundamente dormida, abrazada a su peluche y con el cuchillo tirado junto a ella.

Me acerqué de puntillas, procurando no hacer ruido, pero la voz de Sel me dijo:

-Tranquila. Ha recibido su dosis de Dormidina diaria. Ni una manada de elefantes que entrara ahora serviría para despertarla.-

Aun así, me acerqué a ella con cuidado y la arrebaté despacio el osito y el cuchillo, tras lo cual salí de la celda.

Después de Blood vino Jason, al que le quité su motosierra mientras dormía sobre la mesa del matadero; Luego Ymir, al que le arrebaté su cuchillo mientras yacía dormido tras la cristalera del circo; Y después, Regan, a quien quité su crucifijo cuya parte de arriba escondía el filo de un cuchillo...

Al pasar por la abadía, ya de regreso a la cripta, Selman me hizo detenerme.


-¿Por qué me haces pararme?-Pregunté yo confusa y recordando con cierto miedo la reprimenda del Emperador tras el asesinato de Nosfharatu.

-Porque ahora vas a hacer el más dificil todavía, Cris. Le vas a quitar el cubo a Tar.-Dijo el vampiro con malicia.

-No..-Respondí yo con miedo.- Si se entera de que he sido yo...-Mis palabras se vieron interrumpidas por un fuerte dolor de cabeza que me hizo retractarme enseguida de mis palabras.

-¡Vale, vale! Lo haré.-Dije mientras subía al cuarto de Tar en la abadía.

La tenue luz de la habitación apenas la iluminaba, pero me era suficiente para ver que no había ni rastro del cubo cuyo dueño ahora dormía plácidamente.

-¿Tú no sabes dónde está?-Pregunté en un pensamiento a Selman, que se rió.

-No lo sé, pero ahí está la gracia, en que lo busques tú, ¿No crees?.-Respondió riendo.

Resoplé mientras abría el cajón de la mesilla de noche que había junto a la cama del inquisidor y supliqué en silencio que no despertara mientras comprobaba que el cubo no estaba ahí pero que sin embargo estaba el libro que yo había encontrado en la biblioteca, aquel donde venían las lecciones de las que se valió para aprender el arte inquisitorial.

Justo cuando acabé de abrir el cajón noté que la respiración de Tar se detenía mientras se giraba dormido y dejaba de darme la espalda.

Con temor a que abriera los ojos y me descubriera, cogí el libro y de los nervios, cerré el cajón con estrépito y salí del cuarto como una exhalación, dando por supuesto que me había pillado.

Atravesé la abadía casi sin respirar, y cuando llegué a la cripta y cerré la puerta con cuidado, solté el aire que retenía mientras tiraba al suelo los objetos robados: el libro de Tar, los cuchillos de Ymir, Blood y Regan, la motosierra de Jason y el anillo y bisturí de Espiral.

Resoplé y grité a Sel:

-¡Joder! ¡¿Se puede saber por qué me has tenido que obligar a robar todo ésto?!-Chillé yo enfurecida.

Él salió de mi mente provocándome un ligero dolor de cabeza.

-Creo que Tar te ha descubierto, y no tardará en venir a pedirte cuentas....-Rió.

-¡Si no me hubieras obligado!¡Ahora se me van a echar encima!¡Maldito y mil veces maldito!-

La risa de Sel apagó mis gritos, y cuando el vampiro acabó de reir, alguien aporreó la puerta de la cripta y la voz de Tar no tardó en hacerse oir.

-¡Abre, Cris!¡Abre la puerta!-

-Mierda...-Susurré.

Me arrinconé en una esquina como si eso hiciera que no me viera o que dejara de gritar que abriera la puerta, pero ni mucho menos.

-¡¡Mi osito!!¡¡Mi cuchillo!! ¡¡Me lo han robado!!-Oi la voz de Blood, y después la de Ymir, y la de Regan, quejándose de que alguien les había robado sus objetos.
-¡Ha sido Cris!-Oí gritar a Tar, que seguía golpeando la puerta de la cripta.-¡Abre la puerta!

-¡Todo por tu culpa!¡Todo por tu culpa!¡Tú me obligaste!-Le grité a Selman, que no dejaba de sonreirme.

Al final y de un sólo golpe, Tar consiguió echar abajo la puerta de la cripta.

-¡A por ella, hermanos!-Rugió.

Y todos, absolutamente todos se me echaron encima. No sólo a los que les había robado, también los demás: los nuevos, Iri, Adri, Dani, Segis, Sara...Incluso el Emperador, se ensañaron conmigo en el interior de la cripta.

Me arrebataron mis sais e incluso las usaron para dañarme. Golpes, patadas, puñaladas... Intenté contener el llanto, porque no quería flaquear ante ellos, pero no pude y rompí a llorar suplicando eso que tan poco abundaba en el Caserón: compasión.

Por toda respuesta recibí sus risotadas y su nueva tanda de golpes, hasta que la voz de Emperador los detuvo.

-¡Basta!-Acto seguido todos dejaron de golpearme y se apartaron.

-Tar.-Dijo el Emperador.-Procede.-

Y entre la niebla que era mi visión debido al llanto distinguí la figura del inquisidor aproximarse a mi, alzarme de la pechera de mi traje y llevarme casi a rastras fuera de la cripta y por todo el Caserón hasta llegar a sus dominios, a la bóveda de Helios.

Sin dejar de llorar y suplicar clemencia, continuaba escuchando las risitas burlonas de Sel, que seguía fuera de mi mente y parecía divertirse con lo que veía.


Tar murmuraba algo que yo no alcanzaba a oir bien mientras me conducía por el Caserón, y cuando me arrojó brutalmente sobre la mesa de torturas de la sala de la bóveda supe que no me esperaba nada bueno...