Mi lista de blogs

domingo, 25 de mayo de 2014

"Letras Encadenadas" 21-5-14 y Entrevista Jorge Méndez en "La Peineta Cultural"

Os dejo un par de podcast.
El primero es la entrevista que junto al presentador del programa "La Peineta Cultural" le hice al músico asturiano Jorge Méndez el día 21 de éste mes.
El segundo podcast es el del "Letras Encadenadas" de ese mismo día y que me tocó llevar a mi, donde entrevistamos a la escritora Amparo Muñoz Rocha.
Espero que os guste :)

Entrevista Jorge Méndez
Letras Encadenadas 21-5-14

Serial Killer

Hoy os dejo algo que se me ha ocurrido al escuchar la BSO de "Dead Silence".
Esa especie de nana al principio y al final...Me ha inspirado ésta historia. A ver si os gusta! :)

Charlie Clouser - BSO Dead Silence

 La caja de música entonaba su canción mientras la mujer observaba a su hijo, de apenas unos meses de edad, volverse a quedar dormido tras el desvelo nocturno.

La música sonaba mientras la mujer sentía que los ojos se la cerraban con cada nota que la cajita emitía, haciéndola dar cabezadas agarrada a la cuna, y cuando la nana paró de sonar, un ladrido seguido de un gemido canino que no tardó en convertirse en aullido y desaparecer tronó en el silencio.

Los pasos de la mujer se encaminaron al piso de abajo. Allí, tendida en el suelo yacía Canela, la perra de la casa: un ejemplar de podenco cruzado con labrador del color que llevaba por nombre, junto a un charco de sangre.

Gritó y en ese preciso instante, se acordó de las muchas reprimendas de su marido, que ahora estaría de camino al trabajo:

-Te quejas de que echo cinco llaves a la puerta, de que ésto parece Alcatraz...Pero como un día nos entren en casa vas a ver...-

Miró a su alrededor y recorrió a toda velocidad el piso de abajo de la casa: el baño, la cocina y el salón, donde se detuvo para llamar por teléfono a la policía, pero fue inútil: alguien había cortado el cable del teléfono y se quedó con el auricular en la mano, literalmente.

Gritó de impotencia y corrió escaleras arriba, hacia la habitación de su niño, para sacarle de la cuna y llevársele consigo. Ojala no fuera demasiado tarde...

Suspiró aliviada al comprobar que el bebé dormía plácidamente. Gracias que quien fuera aún no había entrado a la habitación del nene.

Cogió a su niño muy despacio, chasqueando la lengua para evitar que se alertara, pero entonces, sintió una extraña sensación:

Un aliento cálido contra su nuca. Comenzó a gimotear sin parar de acunar lentamente al niño para que no despertara.

Mientras, tan solo un paso detrás de ella, el hombre que exhalaba hondos suspiros tras la mujer, disfrutaba con su terror sabiendo que ella sabía que él estaba a su espalda. Solo era cuestión de tiempo que comenzara el juego.

Y efectivamente, poco tardó en darse la huida: la mujer se giró bruscamente y con un grito, pegó un puñetazo al hombre como pudo y corrió por el pasillo con el bebé, que había roto a llorar, en brazos.

El hombre fue tras ellos : la mujer se había refugiado en su dormitorio y ahora buscaba su móvil.

Mientras el invasor trataba de abrir la puerta, la mujer intentaba encender su móvil, que no respondía. Abrió la tapa trasera y descubrió horrorizada que alguien le había quitado la bateria.

Por fin y tras muchas patadas en vano, el hombre consiguió abrir la puerta, y mientras observaba a sus presas y se acercaba a ellas lentamente, les enseñó burlón la batería del móvil que se había sacado del bolsillo.

La mujer lloró, como su niño. Entre susurros pidió por favor que no les hiciera daño, que se llevara lo que quisiera.
Pero para su desgracia, él no era como esos asaltadores de casas en busca de objetos de valor: él estaba allí para matar, porque le gustaba. Ni más, ni menos.

Y ahora iba a darse el gusto.

Alzó el cuchillo mientras se acercaba despacio a sus víctimas que estaban arrinconadas en una esquina del cuarto, como ratitas ante el gato que ahora se las comería.

De dos zancadas se puso justo delante de la mujer con el bebé en brazos y les sonrió mientras daba el salto hacia ellos cuchillo en mano.


Mientras tanto, en la habitación del pequeño, sonaban los últimos acordes de la nana.....

sábado, 24 de mayo de 2014

Arrepentido

En el tiempo que llevo entrando al Caserón, jamás me había encontrado con nada parecido, con tanto abandono seguido.
He tenido que “novelizar” la anécdota de anteayer, porque fue brutal.
Narrado desde la perspectiva de un niño que conocimos haciendo cola (el nombre es ficticio, por supuesto).
Y por su reacción a mitad de camino, no era difícil imaginarse el miedo que sentía al atravesar la casa....
Espero que os guste....

-ARREPENTIDO-

Juan suspiró tras sacar su entrada y se encaminó a hacer cola al Viejo Caserón.
Echó una mirada y no vio a nadie guardando la puerta.
Decidió preguntarle a la pareja que había delante suya: un chico y una chica cogidos de la mano que hablaban alegremente entre ellos.

-Perdonad. ¿Sabéis si tardará mucho en salir?-Preguntó refiriéndose al Enterrador.

-No tenemos ni idea. Supongo que ahora estarán de descanso. Pero tranquilo, que no será mucho lo que tarde en salir.- Le dijo el chico.

-Es que me tengo que ir a las cinco menos cuarto....-Dijo Juan mirando su reloj, cuyas agujas marcaban apenas las tres y media de la tarde.

-Tranquilo. No tardará tanto en salir.-Le tranquilizó la chica.- Verás como te merece la pena la espera.-Le sonrió feliz, casi eufórica.

Pero Juan no estaba seguro de que le mereciera la pena esperar, a decir verdad.

Había algo que no le hacía estar tranquilo: tal vez fuera el graznido del cuervo que sonaba alrededor, la música inquietante que envolvía el exterior de la casa, o el desapacible aspecto de ésta, custodiada por el cementerio que se abría a un lado de donde él hacía cola.

Al fin salió el Enterrador: un hombre de porte serio, de rostro extremadamente pálido y blancos ojos que Juan vio clavarse en el grupo de visitantes que atravesaba la verja antes que él.

El Enterrador cerró la verja justo antes de que la atravesara la pareja que iba delante de él y observó cómo el hombre se acercaba al grupo y hablaba con ellos antes de cederles el paso para que subieran las escaleras.

Llegado su turno, atravesó la verja tras la pareja y tendió su ticket al Enterrador, que le miraba con ojos gélidos, tan gélidos que el frío que transmitía su mirada pareció materializarse en el escalofrío que atravesó la espalda del asustado Juan.

Se paró donde el Enterrador indicó al grupo y se pegó a sus integrantes mientras escuchaba lo que el hombre pálido y de ojos blancos y helados tenía que decirles:

-Por favor les ruego que si llevan móvil no lo utilicen en el interior. No está permitido utilizar objetos luminosos, cámaras ni teléfonos móviles en el interior....- Comenzó.

Y llegado el momento ordenó que el primero del grupo ejerciera de guía, a lo que éste se negó.

-Y....¿No puede ser él?-Vio que preguntaba al que le correspondía guiar.

En ese momento dos niñas visiblemente asustadas descendieron la escalera y atravesaron la verja. Resultaba obvio que se habían arrepentido de entrar en aquella casa.

El Enterrador les abrió la reja para que salieran y volvió su vista al chico que había seleccionado como guía volviéndole a señalar.

-Usted será el guía.-

-Yo no. Él- Señaló a su compañero.

-Eso lo decido yo, no usted. -Cortó el Enterrador.- Ahora suban la escalera y llamen a la puerta tres veces.- Sentenció con la voz tan fría como su mirada.

El guía subió la escalera y Juan siguió al grupo, que no tardó en apelotonarse ante la puerta.

Comenzaron a oirse quejas en el grupo: el guía se negaba a llamar.

-Llama tú.- Oyó.

-No, tú.- Escuchó replicar.

-¡Llamad solo tres veces!-Oyó decir a la pareja que antes estaba delante de él y ahora cerraba el grupo.-¡Sólo tres!-

Parecía que lo de las veces estaba claro, lo que no lo estaba tanto era quién llamaría.

-Llama tú, tio.- Siguieron diciendo delante.

-Si no llaman ahora tendré que pedirles que bajen.- Tronó autoritaria la voz del Enterrador que estaba detrás de todo el grupo.

-Yo me voy.- Se oyó.

-Y yo.- Se escuchó después.

Y Juan vio a dos niñas abandonar el grupo y bajar la escalera arrepentidas mientras en sus oídos sonaban los tres aldabonazos.

Vio abrirse la puerta y con mucho miedo siguió al grupo.

-Mi señor. Ya está aquí la visita.- Oyó la voz del Enterrador detrás.

El hombre que estaba al pie de la escalera de la biblioteca a la que habían entrado rió.

-A esto no se le puede llamar visita...¡Esto son gallinas!-Se carcajeó.

Juan temblaba a pesar de que aún no había visto todo lo que en esa casa le aguardaba.

-Hay más, mi señor.-Prosiguió el enterrador.-La señorita Cristina y su acompañante están aquí.

El Amo soltó una risita.

-Vaya...Espero que disfruten de su visita, señorita.-

-Lo haremos, mi señor.- Oyó decir a la chica de la pareja que cerraba el grupo.

-Y ahora....Vosotros que habéis decidido perturbar el sueño de los muertos...-Comenzó el Amo. Y apenas dijo esa frase, Juan vio, a la poca luz que iluminaba la sala, levantarse una mano de uno de los miembros del grupo.

-Una pregunta....¿Y si nos da medo?-

El Amo volvió a reir.

-Tendrán la oportunidad de abandonar más adelante.-Contestó.

-Ay, que a mí me va a dar algo.-Oyó decir Juan a una niña del grupo.

-¡Pues a ver si le da ya y nos quedamos tranquilos!-Tronó el Amo.

-Yo me voy.- Dijo la niña.

-Y yo.-Se oyó otra voz femenina.

-Salgan por la puerta si eso es lo que desean, señoritas...-

Y se fueron. Y a decir verdad, Juan aún no sabe por qué no las siguió, porque lo que vino después....

-Vamos, entrad por ahí.- Ordenó el Amo.

Y Juan avanzó, pegándose como una lapa a quien tenía delante.

Y entraron por un pasillo con cierto aire circense....

Y a partir de ahí Juan no sabe si es porque no quiere recordar o ha sido el mismo miedo lo que ha hecho que no se acuerde de lo que había en aquella casa. Lo que sí recuerda es su voz atemorizada y casi llorando mientras atravesaban el Caserón:

-¡Que yo me quiero ir!¡Quiero salir de aquí!-

Y la voz de la pareja que cerraba el grupo:

-Chicos, tranquilos. Vas a tener la oportunidad de salir. Esperad dos minutos, por favor, que no pasa nada. Os lo aseguramos. Venga, por favor, avanzad despacito y tranquilos. No podéis retroceder.-

-¡Quiero salir, por favor!-Lloró Juan mientras contnuaban atravesando la casa.

Y lo único que Juan recuerda es esa voz imperiosa que tronó lo que él tanto deseaba:

-Si alguien lo necesita, puede salir por esa puerta.-

Echó a correr por donde le indicaron y no tardó en ver la luz del día. De nuevo estaba fuera. Cogió aire, suspiró, volvió a suspirar y grito de alegría durante el tiempo que el resto del grupo estuvo dentro.

Por fin, salió la parejita que iban los últimos del grupo: gritaban, pero se reían mientras caminaban hacia Juan y los otros tres arrepentidos.

-Da mucho miedo...-Comentó uno de ellos.

-Pues sí. Yo estoy temblando.- Apuntó Juan tembloroso.

-A nosotros es que nos encanta.- Dijo el chico que acababa de salir.

-Mirad, estáis ahí, en las fotos.- Dijo otro del grupo señalando a la pantalla donde aparecía la pareja caminando sola por la estanca donde se tiraba la foto.

-Qué valor le echáis.- Dijo Juan.

-Es que nos encanta.- Dijo la chica sonriendo.-Ha sido genial.


Juan intentó sonreír, pero no le salió. Y mientras veía alejarse a la pareja pensó que quizá pasaría mucho tiempo hasta que volviera a meterse de nuevo en el Viejo Caserón.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Reseña programa de hoy "Letras Encadenadas"

Hoy me toca a mí hacer la reseña del "Letras Encadenadas" de ésta tarde, reuniendo vivencias, experiencias y acontecimientos por orden cronológico en una especie de resumen de todo lo que ha pasado hoy en el estudio, que ha sido mucho.(Y muy bueno)

¡Que lo disfrutéis!



Letras Encadenadas se trasladó telefónicamente a Barcelona, donde nos esperaba Amparo Muñoz Rocha, con su dulce y tierna “Nina” y las dos, bien agarraditas de la mano sin separarse ni un sólo instante nos otorgaron sabiduría, buen hacer y una cercanía inmejorable durante la entrevista.

“Damos y aceptamos más palabras que caricias” Dijo Amparo opinando sobre como se vive el amor en la actualidad y contextualizándolo con la novela.

“Nina” y Amparo; Amparo y “Nina”. Las dos eran una sola. Autora y creación. Realidad y sueño convertido en ella.

...y al final Amparo se hizo Nina y la primera habló por boca de la segunda.

“Soy Nina”...Dijo. Y nos osequió con el prólogo donde la dulce niña se presenta.

Si quieren saber más, tendrán que averiguarlo ustedes...

Y creánme cuando les digo que “Nina” es uno de esos libros que merecen la pena ser leídos. Por su sentimiento, su dulzura y su emotividad

Y acabada la entrevista, el equipo charló de las impresiones vividas -poniendo al día a Sara que no pudo asistir al evento- en el evento del sábado 10 de mayo en el Federico García Lorca en la conmemoración del XXV Aniversario de los cuadernos del matemático.

Como de costumbre, el programa contactó con Cristina, patrocinadora del programa y propietaria de la librería “Los Colegios”, que destacó las novedades que habían llegado esa semana, y como colofón final a la emisión “Caracola”, estupendo relato de Carlos.

Y por fin, la tan temida despedida....Y un recordatorio que hace arrancar una sonrisa a los miembros del programa porque saben que volverán a lanzar sus palabras a las ondas:


MIÉRCOLES 4 DE JUNIO. 21:00H ENTREVISTA A GUILLERMO BLANES QUE HABLARÁ DE SU NOVELA “EN LA OTRA VIDA”

sábado, 17 de mayo de 2014

Memorias de un Vampiro (Parte II)

Os dejo la segunda y última parte de "Memorias de un Vampiro"
Espero que o guste


….Ahora todo ha cambiado.

Y recuerdo como si fuera ayer mi despertar en ésta época que en su día se me antojó extraña y ahora es todo lo contrario.

Aún recuerdo el sueño que me invadía mientras alzaba la tapa de mi ataúd y salía de mi mansión para ser recibido por la noche de aquella ciudad en la que vivía y que noche tras noche había ido cambiando

La luna madrileña destellaba en un cielo que se suponía plagado de estrellas pero que estaban eclipsadas por una nube de suciedad solo visible a mis ojos.

Hoy ya no huele a bosque como antaño. Ahora huele a lo que todos llaman polución, se han construido grandes moles de piedra que sirven de vivienda o de lugares de trabajo e incluso de ocio a la población y el color verde de la hierba casi ha desaparecido de la ciudad, sumiéndola en un gris perpetuo.

La gente también ha cambiado, y en consecuencia, mis víctimas: ya no son como antaño.

Antaño mis presas solían ser doncellas jóvenes con un halo de inocencia sobre ellas: ahora no son eso ni de lejos.

Antes ningún pensamiento impuro turbaba su mente, lo que facilitaba mi actuación, hoy están “de vuelta de todo”, como dicen en ésta era e incluso algunas son ellas las que se me tiran al cuello, como si directamente me buscaran, proponiéndome placeres a cambio de un puñado de monedas.

Pero todas ellas, sean de vida alegre o de vida triste, al igual que el ambiente, ya no huelen igual.

Ya ninguna huele a pureza, todas destilan olor a alcohol, a tabaco, o a sustancias parecidas al opio de mi época.

Los nombres tampoco son los que eran: ha habido Susanas, Irenes, Saras, Elenas....Pero al fin y al cabo eso me sigue dando igual. Sigo manteniendo mi procedimiento de antaño, aunque haya tenido que cambiar algunos pequeños detalles.

Antes me encantaba escuchar el sonido de su corazón acelerándose cuando oían mis pasos, los: “Date la vuelta que alguien te está siguiendo” “¿Qué será ese crujido que se oye detrás?” que podía escuchar que pensaban. Ahora ya ni siquiera oigo eso. Ahora me tengo que conformar con el estridente ruido que produce en mis oidos la música que ellas escuchan por sus auriculares mientras andan con el corazón a velocidad normal y con un único pensamiento en su mente: “Que fiestón me voy a meter hoy” ajenas a mi presencia tras ellas.

Suelo abordar a mi presa despacio, posando suavemente mi mano en su hombro. Ella se agita y noto como su corazón da un vuelco. Esa sensación no cambia por mucho que pase el tiempo.

Se quita los auriculares.

La miro sonriendo.

Ella responde mordiéndose el labio y dedicándome la más pícara de sus sonrisas mientras piensa cómo es posible que haya tenido tanta suerte y haya sido capaz de ligar casi sin llegar a la discoteca.

La guiño un ojo y la cojo de la mano mientras la pregunto su nombre.

-Marina.- Me dice sin dejar de sonreirme con picardía.

Su mente es fuego puro mientras me mira de arriba abajo y piensa lo que me hará cuando en un rato me tenga en su casa...O en la mía.

La atraigo casi ferozmente hacia mí y la beso en los labios con avidez. Huele a perfume de deliciosa cereza.... Y a sangre...aún mucho más dulce.

Doy el deseoso beso por acabado mientras la dejo que se atuse el pelo.

-¿Quién eres?-Me pregunta casi sin aliento.

Clavo mis ojos en ella, serio. Adora las miradas frías y el trato brusco hasta cierto punto.... o eso me revela su mente.

“Y me está mirando de una manera que....telita” Piensa mientras yo casi puedo oler sus feromonas dispararse.

-Me llamo Irmale.- Contesto mientras la cojo de la mano.- ¿Vamos a un sitio más íntimo?- Pregunto conduciéndola por las oscuras calles del Madrid nocturno hasta llegar a un callejón que nos proporciona la intimidad que necesitamos.

Nos sentamos en el suelo adoquinado y Marina saca de su bolso -de tamaño considerablemente grande- una botella de lo que parece ser ron.

-¿Quieres?-Dice ofreciéndomela.- Iba a colarla en la disco, pero...-Sonríe mientras yo niego con la cabeza, a lo que ella responde abriendo la botella y dando un largo trago.

-¿De dónde eres?-Me pregunta.-

“Relaja, Marina, no seas cotilla” Oigo que piensa, arrepintiéndose de su pregunta.

Me río divertido y la contesto.

-Soy finlandés.- Y vuelvo a mirarla a los ojos.

-Finlandia...Buena tierra de heavy metal: H.I.M, Nightwish....-Dice sin poder ocultar el temblor de su voz debido al nerviosismo y la excitación que le produce el peso de mi mirada sobre ella.

-Así es.- Digo simplemente sin dejar de mirarla y acercándome a ella.-...Pero no hemos venido hasta aquí para hablar de mí, ¿Verdad?-Digo parafraseando lo que solía decir en mi época mientras poco a poco me acerco a ella y la beso mientras acaricio su pelo, mordiéndola al principio suave los labios, para luego aumentar mi fuerza sobre ellos y sentir el dulce sabor de la sangre de la chica, que da un grito ahogado e intenta escapar en vano, oprimida por mi abrazo.

El néctar mana de sus labios a mi boca, aportándola un sabor dulce, y no sé cuánto tiempo me podré contener.

Recorro con mi lengua los labios de ella, y de ahí paso a su pálido cuello, en el que no tardo en hundir mis colmillos.
Y como si estuviera reviviendo aquella época tan lejana, se oye su grito por todo Madrid, y yo me emborracho de su deliciosa sangre, y una vez vacía, mi víctima deja de resistirse, y su cuerpo cae inerte sobre el suelo del callejón junto a la botella de ron.

Y el silencio reina. Ya no hay música: Ya no acuden lobos a apurar los restos. No en ésta era.


Suspiro con cierta melancolía y me alejo de aquella calleja con el sabor de la sangre de otra víctima en los labios enfrentándome a mi destino una noche más.

viernes, 16 de mayo de 2014

Memorias de un vampiro (Parte I)

Y después de mucho sin escribir de vampiros, os presento a Irmale, vampiro que habita el Madrid de nuestros días, pero que no puede evitar recordar cómo era la caza en tiempos lejanos, allá por el siglo XIX. 
Espero que os guste! :)

MEMORIAS DE UN VAMPIRO (PARTE I)

Antes todo era muy distinto a ahora.
Las calles, la iluminación, las casas....Hasta el mismo olor de la noche ha cambiado.
No así mi vida y mis hábitos de caza.

Hace años. ¿Qué digo años? ¡Siglos!

Hace siglos que soy lo que soy y jamás he cambiado mi hábito aunque viera caducar todo mi alrededor.

Antaño, cuando el hambre acuciaba bastaba con salir a por presas y lanzarse a la caza, y hoy día eso se sigue manteniendo.

Hace centurias salía embozado en ropajes oscuros tras alguna muchacha que no hubiera regresado a tiempo a casa con los primeros rayos lunares.

La seguía con sigilo mientras disfrutaba del olor que desprendían sus cabellos oscuros, claros o del mismo color que la sangre; caminaba tras ella en sintonía con sus pasos, que se aceleraban tras haber oído algún crujido extraño a su espalda que no era otra cosa que el crujir de mis pies con alguna hoja seca del bosque.

Cuando se daba la vuelta extrañada yo aparecía ante ella y la tranquilizaba diciendo:

-Discúlpeme, señorita. No pretendía asustarla. Hace una noche preciosa para pasear, ¿No cree?- Y la obsequiaba con la mejor de mis sonrisas mientras sentía en mis oídos cómo su corazón acelerado iba aminorando la velocidad de sus latidos poco a poco mientras en su boca se dibujaba una tímida sonrisa y en sus pálidos pómulos hacía acto de presencia el rubor provocado por la sangre -el objeto de mi deseo- al ascender a sus mejillas, algo avergonzada.

Yo continuaba sonriendo y la cogía de la mano suavemente, y mi temperatura corporal contrastaba con la suya; mi frío con su calor. Y yo notaba su estremecimiento en forma de escalofrío mientras la preguntaba su nombre.

-Teresa.- Me dijo la última que recuerdo de aquella época.

Me dijo Teresa como pudo haberme dicho Ana, o María, o Lucía...Que de hecho también las hubo.

Pero el nombre no me era relevante. Ni el nombre, ni el color de pelo, ni el tono de ojos, ni el de la piel....Ni siquiera me importaba lo más mínimo lo que pudieran esconder bajo el vestido que llevaban, que tanto ocultaba, dejándolo todo a la imaginación -no así los de ahora-.

Tampoco tenía prisa por quitarles la capa con la que se cubrían, porque no era a ellas a quienes ambicionaba, pero todo a su tiempo...

Después de que ellas se me presentaran, yo hacía lo propio y les hablaba de mi mientras las conducía a un lugar apartado en el bosque, donde nos sentábamos sobre la hierba.

-Mi nombre es Irmale y provengo de las lejanas tierras de Finlandia, llenas de bosques helados....-Les relataba mientras ellas se quedaban absortas escuchando las leyendas que comenzaba a contarles.

-...Pero no hemos venido aquí a hablar de mí, ¿Verdad?-Preguntaba yo dando por terminada la historia y mirando a mi víctima.
Ella miraba a todos lados intimidada por la forma que yo tenía de mirarla, hasta que de nuevo mi frío y su calor se encontraban cuando la acariciaba muy suavemente el pómulo, dejando que se estremeciera ligeramente mientras cerraba los ojos y yo me acercaba a ella despacio y la acariciaba el pelo mientras la besaba y la notaba retirarse, nerviosa.

-Tranquila. No voy a hacerte daño.- Decía yo mirándola a los ojos y sonriéndola.

Qué curioso. Era lo más estúpido que me tocaba decir cada noche, porque sí la haría daño. Y mucho.

Era un malnacido. Un cabronazo, se dice ahora. Pero no tenía ni tengo elección.

Mis labios pasaban de los suyos a su mejilla. Sacaba la lengua y la pasaba por su pómulo mientras su aroma penetraba en mi nariz, emborrachándome de frenesí y ganas de acabar con todo.

Despacio, y con más paciencia de la que me gustaría, hacía que se tumbara sobre la hierba y yo me echaba sobre ella, sintiendo sus temblores.

Su mente me decía que quería hablar, decir que lo que estábamos haciendo no estaba bien, pero su boca no podía articular palabra mientras su cuerpo temblaba debajo del mío mientras yo volvía a acariciar su cara con la mía, rozándola con mi barba y arrancándola algún que otro gemido que ni mucho menos era de miedo, sino de todo lo contrario al sentir mis dientes mordiéndola suavemente los labios.

De mi boca también salían jadeos, jadeos de quien tiene un manjar casi en la boca y ya no puede demorar el devorarlo.

Y eso precisamente era lo que hacía después.

Mi boca volvía a su cuello y mi lengua no tardaba en lamerlo a una velocidad imposible mientras ella se movía sin control.

Acto seguido, ni una disculpa.

Directamente hacía descender mis colmillos y los hundía en la pálida piel de mi víctima, que no podía reprimir un grito de dolor.

El bosque entero oía su grito mientras yo disfrutaba del manjar que corría por sus venas, sintiendo como mi frío se convertía en calor mientras el cuerpo de ella se enfriaba, quedándose sin vida.

Los lobos del bosque nos rodeaban mientras yo saciaba mi apetito salvaje y escuchaba la dulce música de los aullidos animales de los inesperados visitantes a quienes les dejaba el cuerpo de mi víctima para que se dieran el festín con sus restos mientras yo huía al amparo de la noche hacia la ciudad en dirección a mi morada y al ataúd que me cobijaría hasta la hora de cazar de nuevo.

Sonrio mientras vuelvo de mis recuerdos y miro a mi alrededor.


Todo es tan distinto ahora....

martes, 13 de mayo de 2014

Podcast programa especial "letras encadenadas"

Ya tenéis disponible el podcast del especial de "Letras Encadenadas" emitido desde el Teatro Federico García Lorca de Getafe con motivo del XXV Aniversario de la Revista Cuadernos del Matemático.

¡Que lo disfrutéis!

http://www.getafevoz.es/2014/05/13/especial-25o-aniversario-cuadenos-del-matematico/

domingo, 11 de mayo de 2014

Crónica de un programa en directo: Especial Letras Encadenadas

Ésti fue lo que dio de sí el especial de "Letras Encadenadas"  de Getafe Voz (www.getafevoz.es) durante la cobertura del evento "25 años de la Revista Cuadernos del Matemático". Cuando esté disponible, colgaré el podcast.

-CRÓNICA DE UN PROGRAMA EN DIRECTO-

Bueno, directo directo no era, fue grabación pero el caso es que así fue como lo viví:

18:25 horas. Emisora de Getafe Voz....

Me senté en un banco frente a la emisora y esperé a que vinieran mis compañeros, Carlos y Miguel Ángel para coger el equipo y llevarlo al teatro.

Mirando a la nada, vi acercarse a Carlos, que me saludó afablemente para luego intercambiar opiniones y relatos que cada uno leería durante el programa. Estábamos medio repasando el guión cuando Miguel Ángel hizo acto de presencia:

-Buenas tardes, chicos. Que nos vamos para el Teatro. No hace falta llevar equipos. Ya está todo allí.-

Y así emprendimos la marcha al Federico García Lorca: Hablando de nervios, de libros y de próximas entrevistas.

Y por fin llegamos al hall del teatro, y ésto fue lo que nos encontramos:



Todo casi dispuesto para el comienzo del programa especial de “Letras Encadenadas” cubriendo el 25 aniversario de la revista “Cuadernos del Matemático”.

Rober, el técnico de sonido conectando micros; Nosotros, solícitos y nerviosos, preguntando que si podíamos ayudarle en algo....Hasta que por fin fue él quien nos dijo que nos preparásemos para empezar grabar.

Nos sentamos, con los nervios a flor de piel y comenzamos la prueba de sonido.

-Hey, si, uno dos, uno dos... Soy Cristina, y me tomo una aspirina....-Me hicieron decir los nervios.

-Hola, hola, si, hey....-Decía mi compañero Carlos.

-¿Cómo os llamáis?-Nos preguntó el técnico, supongo que para que dijéramos algo coherente.

Los dos respondimos.

-Vale, chicos, hablad entre vosotros y cuando os diga empezamos.-Anunció Rober.

Y comenzó así una conversación sobre literatura entre mi compañero y yo que finalizó cuando el técnico anunció:

-¡Empezamos a grabar!-

Miré a mi alrededor: las puertas del Teatro aún no se habían abierto, pero por las ventanas del hall se veía a la gente haciendo cola para entrar mientras yo comenzaba a conducir el programa:

-Buenas tardes y bienvenidos un día más a “Letras Encadenadas”, hoy desde el Teatro Federico García Lorca de Getafe. Lo primero saludar a mis compañeros, Miguel Angel y Carlos......-

Así comenzaba la retransmisión del 25 Aniversario de los Cuadernos del Matemático por GetafeVoz:

El hall aún vacío, a cinco minutos para que se abrieran las puertas del Auditorio y empezara a llegar gente que llenaría con su calor (literalmente, además, porque he de decir que se notaba bastante el cambio de temperatura con el hall vacío al del hall lleno, con la gente entrando y esa algarabía y movimiento....),

...Y llegó nuestra primera entrevistada, Carmen Linares, estupenda cantaora de flamenco que cantaría esa tarde en el Teatro.

Destacar su talento y buen hacer frente al micro de Getafe Voz, su amabilidad y sencillez y su gran arte al cantar esos poemas durante el evento de ayer.

Después de la entrevista, Carlos y yo nos realizamos mutuamente una improvisada entrevista sobre nuestra afición a escribir hasta que.....

- Cristina....-Me decía Carlos.- La gente se agolpa ya fuera para entrar en el Teatro y...

-Atención, Carlos, que las puertas se están abriendo y está empezando a entrar la gente....-Corroboré yo emocionada.

Era increíble. A pesar de los nervios, lo estábamos consiguiendo. Nuestra primera grabación en directo de un evento.



El guión yacía inerte sobre la mesa. De sobra se veía que casi no hacía falta seguirlo, porque nos dejamos llevar por la improvisación. (Así es el mágico mundo de la radio).

Y llegó mi “público”, tres personas a las que les agradezco el gesto de haber estado conmigo la tarde de ayer.

….Y empezamos con las entrevistas previas al acto.

Diversos concejales y personas relevantes dentro de la revista “Cuadernos del Matemático” pasaron por los micros de Getafe Voz antes de entrar al acto. A todos ellos, mil gracias.

Y poquito a poco los nervios nos fueron abandonando, y justo cuando habíamos empezado a cogerle el tranquillo, cortamos para retransmitir el evento íntegro.

(Mención aparte merece el creador de “Letras Encadenadas”, Miguel Ángel, que durante toda la tarde estuvo presentándonos a los entrevistados, y nuestra compañera Sara, que no pudo acompañarnos por diversas circunstancias. Desde aquí nuestra mención para ella).

El guión ya prácticamente olvidado. Yo a veces le daba algo de calor cuando el bolígrafo se posaba sobre él trazando las letras de los nombres de nuestros entrevistados.

...Y cuando “Letras Encadenadas” se reanudó, de nuevo hubo entrevistas: A Susana Ruiz, (que hizo una estupenda versión del “I will survive” de Gloria Gaynor en estilo jazz) y a diversos concejales y concejalas que tuvieron a bien dedicarnos un ratito para responder a nuestras preguntas.

Personalmente destaco la presencia de Emilia, una antigua profesora mía con la que ayer me reencontré por pura casualidad, y fue todo un honor para mí realizarla una entrevista improvisada.

Ya sí que no había nervios.

Carlos y yo también quisimos contribuir al evento con nuestras creaciones y recitamos un relato breve cada uno, luego vino la segunda tanda de entrevistas tras el evento recogiendo impresiones.



Y justo cuando mejor nos lo estábamos pasando, me dieron orden de cerrar el programa :(. Y así lo hice: me despedí de los oyentes y les conminé a asistir a la cita del miércoles 21 en una nueva entrega de “Letras Encadenadas” en www.getafevoz.es , me despedí de mis compañeros y el micros se apagó, por desgracia.

-Estamos fuera.- Dijo el técnico.

Y después de aquella frase, otra salió de mis labios: clara, concisa y segura:

-Quiero más-


Sin más, me despedí de mis compañeros y salí del García Lorca con la sensación del trabajo bien hecho y de que aún me quedaba mucho que aprender y demostrar en Getafe Voz y “Letras Encadenadas”.....

viernes, 9 de mayo de 2014

Bella y Bestia

Sabéis que según el cuento original de "La Bella y la Bestia",Bestia está a punto de morir porque Bella rompe su promesa de volver a su lado, ¿No?,  Bueno, pues yo me he preguntado qué hubiera pasado si Bella no hubiera llegado a tiempo... 

Espero que os guste :)

-BELLA Y BESTIA-

El último pétalo de la rosa cayó sin que la Bestia pudiera hacer nada.
Contempló la rosa marchita y cogió uno a uno los pétalos del suelo mientras sentía que el dolor lo atenazaba y caía al suelo.

El estruendo de la caída se mezcló con el estrépito de la puerta al abrirse y la voz angustiada de quién él tanto deseaba oir.

-¡No!-La oyó gritar.

Y la sintió echarse sobre él. Sintió su dulce aroma y su suave tacto al acariciarle el pelo que componía su cara, la cara de la horrible bestia que era y a la que ella jamás podría amar, y menos aun cuando el hechizo no se había roto.

La vio mirar alrededor. Los pétalos yacían desparramados por el suelo, el tallo de la flor vacío...

Y entonces, sus ojos se posaron en el rostro de él, y la vio mirarle con un halo de tristeza y culpa en los ojos como jamás se le había visto.

-Bella...-Susurro casi sin voz.

El dolor cada vez era más intenso, pero parecía remitir en cierto modo si se abandonaba a las sensaciones que percibía: Bella rodeándole el cuello, rozándole suavemente su cara con la suya, despacio, hasta llegar a sus labios y detenerse en ellos.

Le miró un momento hasta que se inclinó y le besó, haciéndole sentir el calor intenso del beso y a la vez el frío helador de la muerte que se avecinaba.

El dolor le desgarró mientras presionaba los labios de Bella con los suyos besándola, y ella sintió el dolor de los dientes de Bestia sobre sus labios, pero poco la importó eso: estaba haciendo lo que tanto deseaba: lo estaba besando aunque fuera por última vez.

En mitad del beso, Bestia sintió el dolor aumentar, y después de eso, las lágrimas y los sollozos de Bella fueron lo último que notó y escuchó antes de irse para siempre...

Tal vez la hechicera tuviera razón cuando le conjuró: ¿Quién podría amar a una bestia?


Sólo Bella lo hizo, pero ahora...Ahora ya era demasiado tarde....

Podcast "Letras Encadenadas" 7-5-14 Entrevista a Clairet Reyes

Os dejo el podcast del primer programa de "Letras Encadenadas", de Getafe Voz en el que intervine. Hablamos de literatura, leímos fragmentos de relatos escritos por nosotros y entrevistamos a Clairet Reyes, autora del libro "Siempre estaremos a tu lado" :)

Si me queréis escuchar, recordaros que el 21 de mayo volveremos con un nuevo programa de "Letras Encadenadas".

Espero que os guste! :)

http://www.getafevoz.es/programas/letras-encadenadas/

domingo, 4 de mayo de 2014

Primer aniversario "Visita al Viejo Caserón"

Así es como me defiendo con "Paint" y mi manera de hacerle
mi particular homenaje a la novela ^^
Tal día como hoy, cinco de mayo, pero de un 2013, hace un año, comencé a escribir “Visita al Viejo Caserón”. Ese día aparecieron aquí el prólogo y el capítulo uno. Y comenzó mi aventura, porque a partir de ahí trabé amistad con grandes personas que saben apreciar lo que escribo: Tar, José, Antonio,Dani, Álex, Moi, Iri, Adri...Gracias por seguir el relato y gracias por colaborar con él :)

Y gracias, como no a los moradores del Caserón y a las personas que los encarnan por desempeñar tan bien su trabajo día a día. En serio gracias a todos -desde el primer “habitante” de la casa hasta el último- por leerme y apreciar lo que hago. Gracias también al Parque por difundir mi relato. :)

Antes, para mi el Viejo Caserón había sido la atracción inalcanzable: según mi padre, daba mucho miedo y además costaba dinero....Hasta que un día -en abril del año pasado- pude entrar.

Y me di cuenta de que el Caserón no era una atracción ni mucho menos, sino un espectáculo, un espectáculo maravilloso.

Y tiempo después, un cinco de mayo escribiría el prólogo y el primer capítulo de lo que sería la primera parte de “Visita al Viejo Caserón”....Y después la segunda...Y más tarde la tercera....Y n mucho menos imaginaba que tendría éste seguimiento.

Ahora he hecho otro parón porque entre universidad y demás no me queda mucho tiempo que dedicarle a “Visita al Viejo Caserón”, pero...

Volveré, y sólo os digo:

Habéis visto a Cris como humana, la habéis visto como “Cristina Krueger”, la habéis visto zombie y hasta vampiresa, pero quizás le quede una última prueba por superar, tal vez la más dura...
¿Os lo vais a perder?

¡Próximamente en “Visita al Viejo Caserón 3”!

Mientras tanto....


¡FELICIDADES “VISITA AL VIEJO CASERÓN!

jueves, 1 de mayo de 2014

Último viaje

Éste relato se me ocurrió al ver la convocatoria del concurso de relatos breves de RENFE. El concurso consiste en hacer un minirelato de hasta 99 palabras que esté basado en el tren y sus trayectos. Obvio que con éste me paso de las 99 palabras pero en fin...Espero que os guste.


-ÚLTIMO VIAJE-

Atravesó el túnel subterráneo que era su hogar hasta llegar a la estación de Atocha, a cuyo andén subió de un salto. El tren no tardaría en llegar. La gente ya se arremolinaba junto a la vía y muchos retrocedían asqueados al darse cuenta del desagradable aspecto del vagabundo.

Una voz casi robótica anunció que el tren con destino Aranjuez llegaba a Atocha y el hombre se apresuró a subirse ansioso, abriéndose paso a trompicones entre la gente en busca de un asiento.

Se sentó en un asiento y miró asqueado cómo la pareja que tenía en los dos asientos de enfrente se hacía arrumacos y carantoñas, ajenos a su presencia. La mujer que estaba a su lado, en cambio, sí se percató del olor a vino, sudor y tabaco del hombre, y
parecía tener claro que ella no se mezclaba con seres de la calaña del vagabundo que se hallaba a su lado, o al menos así se lo hizo saber su intento de alejarse de él, pegándose más a la ventanilla y volviendo la vista a ésta.

Tranquila que no te voy a hacer daño. Ni a ti ni al animalucho que llevas encima, por mucho que el bichejo me tiente...” Pensó divertido mientras miraba el ostentoso abrigo de piel que llevaba la mujer y que perfectamente habría podido calentar el cuerpo del vagabundo en las frías noches en los túneles del tren.

Miró a la pareja de enfrente. Seguían a lo suyo: que si besitos de gnomo, que si piquitos, que si “yo te quiero más, tonti....”

Ella, rubia de bote, que casi más que una chica parecía miss chicle Boomer: toda vestida de rosa, desde la chaqueta hasta las botas de taconazo; Él, moreno, camisa morada y vaqueros, con esa camisa parecía más bien una remolacha que un tío.

Ñoños. Y además, vaya gusto para vestir....” Pensó mientras sentía cómo se le revolvía el estómago con cada caricia que veía enfrente de él.

A pesar del malestar, clavó sus ojos en la pareja, y los observó tan fíjamente como para llegar a enterarse de que iban a Aranjuez, ciudad de destino del tren que los acogía, a dar un paseo por la más que conocida romántica localidad.

Y digo que se fijó como para llegar a enterarse de que porque a partir de cierto momento dejó de verlos a ellos tal cual estaban y sólo visualizó imágenes en su mente. Imágenes de la pareja que tenía en frente pero en muy distintas circunstancias....

Se estremeció.

-Próxima estación: El Casar.-Dijo la voz de megafonía sacándole de su particular ensimismamiento.

La mujer que iba a su lado, la del abrigo de piel, le pidió pasar con desgana y sin mirarle siquiera.

El hombre arrimó los pies al asiento para cederla el paso, pero no se pudo resistir y echó un pie hacia delante, haciendo que la mujer tropezara y casi se cayera al suelo.

-Gilipollas...-Bufó ella en un susurro mirándole con ira antes de volver la cabeza y dirigirse a la puerta del tren para salir de éste.

El hombre sonrió divertido viéndola alejarse, y cuando el tren se puso en marcha, volvió sus ojos a la pareja que tenía enfrente y que seguían en el mismo plan ñoño que tanto le asqueaba.
Y de nuevo mientras los miraba, su mente volvió a imaginar aquello que antes evocó...Y no pudo evitar pensar lo bien que sabría el chicle que tenía enfrente con unas gotitas de zumo de tomate color rojo por encima...Pensó lo bien que quedaría el pastelito de remolacha que parecía ser el acompañante de la chica con las mismas gotas de tomate líquido por encima...

Se rió al pensar que se le daba muy bien suavizar lo que en realidad pensaba, porque ni mucho menos pensaba en chicles, en pasteles de remolacha ni en tomate.

Pensaba en la pareja....Y en lo bien que les quedaría su propia sangre sobre sus cuerpos.

De nuevo, megafonía:

-...Próxima parada: Aranjuez. Final de trayecto.-

Y de nuevo el hombre salió de su ensismismamiento, y como si le hubiera dado una punzada en el pecho de repente, sujetó fuerte lo que ocultaba bajo la raída gabardina mientras observaba irse a la pareja, que no le prestó atención.

Tras esperar unos segundos, miró a su alrededor. El vagón ya se había vaciado y el hombre salió en busca de su objetivo: la pareja.

No tardó en verlos no muy lejos de él: los arrumacos que se brindaban cada dos segundos les impedían avanzar a un ritmo normal. Ella paraba, se ponía de puntillas para besar a su chico, que la abrazaba y volvían a andar tres pasos, y volvían a besarse, y otra vez andaban, y así.

Él los observaba desde donde estaba, avanzando un par de pasos cuando ellos lo hacían, sigiloso, sin hacer un ruido, cuidándose de no ser visto. Aferrándose fuerte a lo que ocultaba bajo la chaqueta y que esperaba sacar cuanto antes.

Desde no muy lejos vio al chico empotrar a la novia contra la pared, y comenzaron a toquetearse y a comerse la boca.

Hacía mucho tiempo que el hombre que los observaba no albergaba ningún tipo de sentimiento. Hacía mucho que ni las manos ni la boca de una mujer sobre su cuerpo eran capaces de despertar en él los instintos más primarios que yacían en su interior.
Nada. Ni un ápice de placer.

Y lo había intentado ya varias veces: lo había hecho con mujeres de la calle que ejercían no muy lejos de las estaciones de los trenes en las que él solía colarse ya de noche cerrada para pernoctar en los túneles.

...Pero al final, las experiencias de cama que vivía con las mujeres sólo eran mera curiosidad, porque no era el sexo lo que le satisfacía, sino la muerte que venía después.

Como no podía saldar la deuda económica con las prostitutas -¿Qué podían esperar de un vagabundo?¿Que fuera millonario?- éstas siempre acababan a sus pies, sin vida, rodeadas por un charco de sangre rojo como el carmín de sus labios.

...Y entonces, él conseguía llegar al final.

Miró a su alrededor y comprobó que ya no quedaba nadie en la estación, nadie en los bancos de los andenes esperando a los trenes.

Y entonces caminó a paso ligero hacia la pareja, sacó el cuchillo que guardaba con gran cuidado bajo su chaqueta y se lo clavó al chico por la espalda, lo dejó caer al suelo y fue a por la novia, que echó a correr despavorida gritando.

Los tacones no la permitían correr en exceso, por lo que no le costó mucho trabajo interceptarla por detrás, tapándola la boca impidiéndola gritar mientras pasaba el filo del cuchillo por su cuello, degollándola, recreándose en el líquido bermellón que afloraba de la herida, sintiendo cómo el placer lo hacía estremecer..

Una vez muerta, la arrastró junto con el novio, que yacía en el suelo luchando por su vida, con un reguero de sangre tiñendo su camisa morado remolacha y al que no tardó en rematar dándole de puñaladas mientras sentía que el placer le superaba, temblaba y se estremecía hasta llegar al final.

Después, los miró y sonrió irónico: la chica vestida de rosa de arriba abajo el novio, de camisa morada y vaqueros. Era justo como él había imaginado en el tren:

Chicle de fresa con zumito de sandía por encima y remolacha con zumo de tomate bien frío....


Sonrió mientras bajaba al anden y emprendía el camino de vuelta hacia los túneles que formaban su morada.